Facho pobre

Por Magdalena Piñera
  • Profesora

“Facho pobre” es el término acuñado por la izquierda para (des)calificar a los chilenos de clase baja o media que votan por la centroderecha. Para la izquierda ser “facho” y “pobre” es una contradicción inexplicable porque de acuerdo a su visión maniquea en la vida sólo existen los buenos (ellos) y los malos (la derecha). En el primer grupo están los explotados, los oprimidos, los abusados, las víctimas. En el segundo, los explotadores, los opresores, los abusadores, los victimarios.

Desde esta óptica binaria y elemental que mira el mundo en blanco y negro, los “buenos” no tienen plata (aunque algunos tengan mucha) y sufren la injusticia por culpa de los “malos”. Por eso les parece inaceptable que un “bueno” apoye a un “malo”. Lo consideran una traición a su clase. Se burlan del taxista que trabaja día y noche mientras escucha la Agricultura o del feriante que apoyó y votó por Cathy Barriga. Lo consideran ignorante por pensar como rico, pero ganar como pobre. Creen que el facho pobre es una suerte de masoquista que, aunque apenas llega a fin de mes con las cuentas, se enorgullece de pagar las cuotas de sus compras a crédito con su trabajo.

Para esta forma de pensar, lo único sensato es que los ricos piensen y voten cómo y por los ricos.

Si eres “cuico” lo “normal” es que pienses y votes por la derecha para mantener tus privilegios. Si eres un facho pobre que vota como cuico, eres un arribista, un desclasado que además ignora que padece de Síndrome de Estocolmo.

Hace unos meses, el ministro Eyzaguirre compadecía a los chilenos que creían haber elegido un buen colegio para sus hijos aportando un poco de dinero. De acuerdo al íntimo pensamiento de este ministro, estos padres no sabían que, en realidad, habían escogido ese colegio por su nombre en inglés o sus alumnos rubios y que además era malo. La reforma educacional los salvará de esa parodia de libertad, a pesar de que los que la hicieron y la apoyen tengan mayoritariamente a sus hijos en colegios particulares pagados. La izquierda siente el deber moral de abrirle los ojos a los fachos pobres para mostrarles la magnitud de su torpeza y decirles el lugar que les corresponde ocupar.

Pero la izquierda se equivoca. El facho pobre no está engañado ni confundido. Vota por las ideas de derecha simplemente porque quiere vivir mejor. No quiere vivir mejor en Vitacura o Las Condes sino en su propia comuna. Y no necesita que un intelectual, un tecnócrata o un político le digan qué significa o cómo se vive mejor.

El facho pobre cree en la justa recompensa por el trabajo bien hecho. En que no hay premio sin esfuerzo. Y por eso se empecina en que sus hijos sean profesionales para que tengan una mejor vida que la que la que tuvo él. Para el facho pobre hay pocas ayudas del Estado o de un pariente. Lo que tiene no se lo debe a pitutos, favores ni herencias sino a duros años de trabajo. Y siente justo orgullo y satisfacción por ello.

Al facho pobre le gusta el orden y la mano dura con la delincuencia porque cree que con protestas y marchas e inseguridad en las calles no se puede trabajar ni estudiar bien. Y su experiencia le enseñó que sin trabajo y estudio, simplemente no hay progreso. Para el facho pobre, buen gobierno es el que crea buenos trabajos, oportunidades de educación, el que se preocupa por la salud y que asegura el respeto a la ley y el orden por igual en todo Chile.

Ante todo, el facho pobre es realista. Alguien que está muy ocupado de tener los pies bien puestos en la tierra como para preocuparse de lo que tiene o no tiene el vecino. Y es más feliz cuando el Estado se preocupa de generar las condiciones para poder desarrollarse en libertad de acuerdo a sus intereses y talentos, sin imposiciones estatales.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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