Una brecha preocupante

Por Rodrigo Tupper
  • Gerente general de Fundación Portas

Sin duda durante este siglo los avances tecnológicos han sido enormes. Hoy seguramente no nos imaginamos nuestra vida sin, por ejemplo, Google, el buscador de internet más usado; los dispositivos y telefonía móviles; el wifi; las redes sociales, entre otros. Estos adelantos han sido de gran utilidad porque nos han facilitado la vida tanto en el ámbito laboral, el de la salud y, ciertamente, en el ámbito educacional.

Hoy ya es normal ver la incorporación de dispositivos electrónicos y aplicaciones de software en las aulas de clases. Para los expertos, los cambios que están produciendo estas nuevas tecnologías en la vida estudiantil, tendrán un gran impacto, ya que, en manos de los alumnos, se deberían transformar en recursos poderosos para el desarrollo de sus habilidades de razonamiento y resolución de problemas.

¿Pero, la ultra conectividad en las salas de clases chilenas servirá realmente para que los estudiantes salgan preparados para enfrentar los desafíos del mundo?

En los últimos resultados de segundo medio en comprensión de lectura del Simce, la Agencia de Calidad de la Educación (ACE) hizo un análisis y su diagnóstico fue preocupante. Los resultados masculinos fueron los que tuvieron la mayor baja y, paradójicamente, en los grupos alto y medio-alto lo que permitió reducir la brecha socioeconómica.

¿Tendrá algo que ver la tecnología con estos resultados? Surgieron varias hipótesis y se llegó a la conclusión que ha surgido una nueva generación de estudiantes: la generación 4G. El secretario ejecutivo de la ACE, Carlos Henríquez, los describe como jóvenes que son multifocales, necesitan de una atención descentrada y multitarea, que es justamente muy propio de la inmediatez de las aplicaciones digitales y videojuegos.

Entonces estamos frente a un problema porque la lectura es una destreza habilitante para desarrollar otras habilidades. Según diversos autores, saber comprender lo que uno está leyendo no es un asunto fácil, al contrario, es un proceso mental muy complejo que abarca, al menos, cuatro aspectos básicos: interpretar, retener, organizar y valorar. Cada uno de los cuales supone el desarrollo de habilidades diferentes y de la puesta en práctica de estrategias concretas.

Si no se logran revertir estos bajos resultados de comprensión lectora, las implicancias que esto tendrá para los jóvenes de contextos vulnerables que van a acceder a la educación superior serán complejas. En la educación superior chilena, la inequidad no sólo se refleja en los sistemas de acceso y financiamiento, sino que también se ve reflejada en la permanencia de estos estudiantes en los programas de estudio y en la titulación de las carreras. La llamada deserción universitaria, hoy, constituye uno de los principales problemas que enfrenta la educación superior y que imposibilita que se cumpla la promesa de movilidad social a través de la obtención de un título profesional.

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