Mala junta: un acierto del cine chileno

  • Periodista especializado en cine, programador de Sanfic y comentarista de Radio Zero

Premiado en festivales como Valdivia y Toulouse, este primer largometraje de la joven realizadora Claudia Huaiquimilla no sólo es un prometedor debut, sino además puede ser considerado, sin exagerar, como una de las mejores películas chilenas de los últimos años.

Ambientado en la zona de San José de la Mariquina, la forma en que el filme -a partir del inteligente guión, escrito en conjunto por la propia Huaiquimilla junto a Pablo Greene- desarrolla la historia de sus dos jóvenes protagonistas, Tano y Cheo, revela una gran lucidez y sensibilidad por parte de su directora para abordar una realidad tan compleja y vigente como la del conflicto mapuche; especialmente porque en vez de sólo concentrarse en éste, lo utiliza como contexto para una historia de amistad, de crecimiento, de relaciones entre padres e hijos, de sentimientos que marcan para toda la vida.

Y sin embargo, la denuncia y reivindicación indígena de todos modos se hace presente frente al espectador, y también temas como el Sename y el bullying escolar. Pero afortunadamente acá no hay un oportunismo que se aprovecha de la contingencia, y por lo mismo lo que pudo ser un panfleto de alcances sociales y políticos, va mucho más allá de eso: en “Mala junta” hay matices, detalles que denotan observación y cariño por los personajes, y una realidad que intenta esquivar los estereotipos y se siente humana y honesta, que tan pronto emociona como hace reír de buena gana con sus oportunos toques de humor.

El ritmo fluido no es obstáculo para que la película se dé tiempo para los silencios y las miradas, tan bien logrados por su sólido elenco, en el que destaca especialmente la interacción entre sus dos protagonistas. En apariencia puede parecer que la historia es simple, y que nos recuerde a más de una cinta que ya hemos visto, pero no todas las producciones de nuestro país, ni siquiera algunas de realizadores más experimentados o reconocidos, consiguen el equilibrio entre forma y fondo que Huaiquimilla alcanza en esta valiosa ópera prima.

“El rey Arturo: la leyenda de la espada”

En 2009 el realizador británico Guy Ritchie dio un giro y nuevo impulso a su carrera con su exitosa adaptación de uno de los personajes más emblemáticos de la literatura inglesa, “Sherlock Holmes”, y ahora es el turno de otra historia que ya cuenta con diversas versiones en la pantalla grande, leyenda por antonomasia en Inglaterra.

A pesar de la llamativa dirección de arte y las efectivas actuaciones (donde destaca el villano Vortigern, encarnado por Jude Law con evidentes ecos de Shakespeare), el resultado es menos estimulante de lo esperado, aunque Ritchie despliega distintos recursos: si bien el marco sigue siendo legendario, la puesta en escena, el uso de la música y los momentos de acción tienen una sensibilidad contemporánea, algo que también se refleja en esos diálogos ágiles y burlones que por momentos recuerdan otros títulos del cineasta.

Pero en su intento por humanizarlo y acercarlo a las nuevas generaciones, el mito pierde su esencia y se siente más trivial, predecible y monótono que en otras adaptaciones.

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