Hipertensión y desigualdades sociales

Por Claudia Honorato
  • Secretaria Ejecutiva de Elige Vivir Sano del Ministerio de Desarrollo Social

En el día mundial de la hipertensión, es necesario comprender la importancia de esta enfermedad, que mata 9 millones de personas en el mundo al año, y que da lugar a patologías cardiovasculares y renales, implicando muchas veces dependencia e intervenciones como la cirugía de revascularización miocárdica o la diálisis. La hipertensión, como otras enfermedades crónicas no transmisibles, es provocada en gran medida por las condiciones de vida y trabajo que determinan las conductas y hábitos, como lo advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según la encuesta nacional de salud (ENS), el 26,9% de la población mayor de 15 años padece esta patología (2009-2010). A simple vista, que poco más de un cuarto de la población chilena esté aquejada de este problema, no nos dice mucho, pero si miramos un poco más detenidamente las cifras de la ENS, hay otro dato que si debe ocuparnos: el nivel educativo.

La cantidad de años de escolaridad ha sido utilizado como una manera indirecta de clasificar a las personas según su grupo socioeconómico. Un nivel bajo de educación, nos habla de personas de grupo socioeconómico bajo, mientras que un nivel alto nos hablaría de un nivel socioeconómico alto. Dicho esto, si usted tiene un nivel educativo bajo, tiene más probabilidades de estar familiarizado o, derechamente, padecer este mal, pues una de cada dos personas (51,1%) es hipertensa, mientras que si usted tiene un nivel educativo alto podría decirse que está casi a salvo, ya que de cada diez personas, menos de dos la padecen (16,7%).

Es sabido que la hipertensión arterial se debería a una serie de factores de riesgo que todos y todas conocemos casi de memoria: “consumo de alimentos que contienen demasiada sal y grasa, y de cantidades insuficientes de frutas y hortalizas; el uso nocivo del alcohol; el sedentarismo y la falta de ejercicio físico; el mal control del estrés” (OMS, 2013, pág.18).

Se suele esperar de nosotros y nosotras que modifiquemos nuestros estilos de vida, para poder suprimir o al menos controlar estos factores de riesgo. Pero ¿qué factibilidad de comer más frutas y verduras tenemos?, en nuestro país se estimó que una canasta de alimentos de calidad (más verduras y frutas) costaría un 36% más que la canasta básica de alimentos, y que un 27% de la población no tendría los ingresos suficientes para acceder a ella.

Por otro lado, ¿Cómo realizar más actividad física? si la falta de tiempo es el principal factor para no practicarla con un 50,7%, lo que significa que casi siete de cada diez (68,1 %) chilenos y chilenas mayores de 18 años no practica actividad física o deporte, siendo quienes pertenecen a los grupos socioeconómicos más vulnerables los que tienen una vida más sedentaria (IND; 2015).

La hipertensión y las diferencias en su prevalencia según nivel educativo nos estarían hablando más bien de la desigualdad y de las pocas posibilidades individuales que tenemos de evitar o subsanar aquellos factores de riesgo, pues como bien señala la OMS (2013) las condiciones de vida y trabajo de las personas influyen de manera muy importante en la conducta, es decir, si trabajamos de lunes a viernes de 09:00 a 18:30 horas y nuestro tiempo de traslado es de una hora en la mañana y una hora en la tarde y, además, hacemos las compras, cocinamos, aseamos la casa, cuidamos a nuestros niños y niñas y los acompañamos en sus tareas, el tiempo disponible para el ejercicio es mínimo o nulo, lo que redunda en situaciones de estrés y agobio. En tal sentido, la promoción de entornos saludables a través de políticas públicas es claramente prioritaria y urgente.

En este contexto, cabe hacerse la pregunta sobre el rol del Estado en relación a la promoción de una vida más saludable. Será suficiente con entregar información y sensibilizar a las personas? Desde el Ministerio de Desarrollo Social y en específico desde el Sistema Elige Vivir Sano en Comunidad creemos que informar y educar, si bien es un paso necesario, resulta insuficiente.

El gobierno de la Presidenta Bachelet, ha asumido el desafío de impulsar leyes y programas en distintos ministerios que provean a la sociedad chilena entornos saludables, es decir, mejores contextos para poder implementar acciones saludables, ejemplo de esto es la ley de etiquetado de alimentos (2016) que nos ha permitido disponer de información clara sobre los productos que compramos y ha sacado la comida chatarra de las escuelas, también la Política Nacional de Actividad Física y Deporte (2016) que entre muchas estrategias ha permitido impulsar el cierre de calles los fines de semana para fomentar la actividad física y la recreación y por otro lado el Fondo de Fortalecimiento de Ferias Libres que resguarda el acceso a frutas y verduras frescas y a precios justos.

Éstas, junto a todas las medidas implementadas debieran mostrar resultados en los próximos años.

Sabemos que tenemos un enorme desafío y por supuesto son bienvenidas todas las iniciativas, como gobierno seguiremos trabajando por generar las mejores condiciones para mejorar la calidad de vida de las personas, es ésa la senda que debemos transitar para tener una vida más sana y feliz.

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