Trump atiza pugna entre sunitas y chiítas

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Estados Unidos venderá armas por 110 mil millones de dólares a Arabia Saudita. El anuncio, hecho durante la visita del presidente Donald Trump al reino saudí, marca un viraje en la política exterior de Washington. Trump destacó por su lenguaje islamofóbico durante la campaña electoral en que, en otras cosas, afirmó que “el Islam nos odia”, además de llamar a no dejar entrar a ningún musulmán al país. Ahora revisa sus dichos y propone una alianza a las decenas de monarcas dictadores reunidos en la capital saudita.

Llama a los gobernantes sunitas a combatir al declarado enemigo común: Irán y, por extensión, a los chiítas. Trump le advierte a Teherán que bajo ninguna circunstancia podrán disponer de armas atómicas; según Naciones Unidas los iraníes han respetado el acuerdo alcanzado, en 2015, en el que suspendían ciertas actividades atómicas. Le exige que desmantele las redes terroristas y las milicias chiítas. En rigor, las organizaciones milicianas y terroristas más peligrosas como el Estado Islámico y Al Qaeda son sunitas.

Le exige a Irán que retire sus fuerzas de Siria, lo cual es una demanda unilateral dado que muchos países, incluidos Rusia, Turquía y Estados Unidos, tienen efectivos en el país. Irán debe forzar a sus aliados chiítas de Hezbolá a que salgan de Siria para volver al Líbano donde deben dejar las armas. Son exigencias tan poco realistas que despiertan sospechas que lo que se busca es un conflicto.

Trump señaló que de “Líbano a Irak a Yemen, es Irán el que financia, arma y entrena a los terroristas, las milicias y otros grupos extremistas que causan destrucción y caos en la región”.

Esta postura no hará más que ahondar la rivalidad entre sunitas y chiítas que antes de la revolución iraní, en 1979, no era un factor relevante. Ha sido la pugna con Arabia Saudita y otras monarquías, que temen que sus coronas estén en peligro, lo que gatilló la animosidad entre ambas facciones islámicas -los sunitas constituyen el 85 por ciento y los chiítas el 15 por ciento de los musulmanes-, y que ha dejado cientos de miles de muertes, especialmente en Irak.

Esto ocurre a menos de una semana de la victoria de Hassan Rouhani, con 57% de los votos, en las elecciones presidenciales en Irán. Ello, con la propuesta a los iraníes de abrir un “camino de integración con el mundo”. Su rival, Ebrahim Raisi, que logró el 38% de las preferencias, postulaba una línea de integrismo religioso y confrontación internacional.

La victoria de Rouhani fue posible, en parte, por la política conciliadora del presidente Barack Obama, que favoreció el diálogo antes que el enfrentamiento con la radicalización que ello acarrea. La agresiva actitud de Trump, que encanta a Israel que desde hace mucho denuncia a Teherán como su mayor amenaza, complicará la vida de las fuerzas aperturistas en Irán que aspiran a una inyección de inversiones extranjeras.

Lo más probable es que la confrontación contra Irán se libre en la ensangrentada Siria y el sufriente Yemen, donde organizaciones humanitarias ya denuncian una letal hambruna.

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