Un “movimiento social idiota”

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Se autodefinen como “los defensores de la nación” y se coordinan por un grupo de Facebook. Hablan de una “dictadura gay” en sus panfletos cuando no hay matrimonio entre personas del mismo sexo. Conceptúan una “decadencia” cuando recién llegan personas distintas, sin verse al espejo. El llamado “movimiento social patriota” es otro síntoma más de un problema mucho más grande que un grupo de criptonazis con tiempo libre para pegar pancartas.

Sicópatas dispuestos a coordinarse para promover el odio a otro siempre ha habido. Pero estos nacen en un contexto especial. En una precariedad de época diferente.

Hoy, no se habla de “lo natural”. El discurso de odio acentuó sus matices y habla de “pureza”, de la defensa de un ideal de comunidad en el cual se busca reunir determinados atributos como la dignidad de una raza. Si eres homosexual, no eres lo suficientemente digno. Si eres un inmigrante sudamericano de piel más morena, olvídate de compartir mi metro cuadrado. Si eres mapuche, olvídate de reivindicar tu etnia en el Estado moldeado por el relato de la nación única planteada por el historiador Sergio Villalobos. Si crees en los derechos de los niños, estás privando a los padres del derecho excluyente (y no preferente) de criarlos; en consecuencia, tampoco eres digno. Como una sensación otorgada por un ente superior.

Está emergiendo un miedo al otro desde el grito más primitivo y egoísta: el de no encontrarse. Llega una nueva generación de personas que ven en su situación económica una conspiración de élites que los quieren igualmente postergados, privilegiando a todos los otros (negros, mapuches, homosexuales, mujeres) que no son ellos. No ven una redistribución de poder en esas políticas, sino algo que les quitan.

El discurso de extrema derecha les hace sentido. En un sistema económico bajo el cual amasar dinero se vuelve cada vez más fácil (es cosa de tener pocos escrúpulos, trabajar cansadoras horas extras o dedicarse a las drogas), el conocimiento se vuelve a una élite. Y ese conocimiento se vuelve un enemigo.

Por eso, ante un sistema que les ofrece dinero, hay una élite que sienten que se los está quitando. No ven en el sistema económico algo que los precariza, sino que sólo alcanzan a ver quién les dice que están teniendo más que otros aún menos afortunados. Por eso, se aferran a la última migaja. Por lo mismo, terminan votando por el primer fanático que les da la oportunidad de existir.

Todo esto es peligroso y la izquierda tampoco ha tenido táctica para conquistarlo. Al contrario, los miran con desdén, ya que sienten que están “haciendo trampa”. El conocimiento se ve como un enemigo por estas personas. Porque establece realidades que concretamente les dan en la cara: no hay una inmigración dañándolos. Son ellos mismos, muchas veces y un contexto monstruoso sumándose, al cual preguntar el lugar para salir de esa situación. Pero quizá esta gente no quiere hacerse preguntas: están seguros de sus respuestas, repletas de odio y prejuicio.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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