La pugna por el calentamiento global

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Donald Trump sacudió al mundo al anunciar, el 1 de junio, la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París alcanzado en diciembre de 2015. El Acuerdo busca impedir que la temperatura planetaria aumente en dos grados Celsius. En la actualidad muchos países ya viven el impacto del calentamiento global con sequías que gatillan incendios, con inundaciones que desplazan poblaciones, con huracanes que arrasan enormes superficies y un sinnúmero de fenómenos naturales provocados por la emisión de gases de efecto invernadero.

En su campaña electoral Trump dijo que el calentamiento global era un cuento inventado por China para perjudicar la economía estadounidense. En 2012 tuiteó: “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos para hacer a la industria manufacturera de Estados Unidos menos competitiva”. En 2015 agregó: “Yo creo en aire limpio, aire inmaculado, pero no creo en el cambio climático”. El año pasado insistió: “Yo pienso que el cambio climático es sólo una forma de impuesto muy, muy, caro”.

La paradoja actual es que hace apenas una década los chinos denunciaban que Occidente hablaba de contaminación para frenar el desarrollo económico de su país. En todo caso, la liga de los contaminadores que contribuyen al calentamiento global es encabezada por China, con el 20,09% de los gases, seguida por Estados Unidos, con 17,89; luego la Federación Rusa, 7,53; India, 4,1, y Japón, 3,79.

Ahora Beijing ya no denuncia a sus competidores, sino que ante el abarrotado Congreso Popular chino el primer ministro Li Keqiang prometió, en marzo, que: “El cielo sobre nuestras cabezas será otra vez azul”. Un compromiso de proporciones pues el gris impera en buena parte del país. Hasta hace poco China era el villano, pero ahora pasa a la condición de héroe. El presidente Xi Jinping impulsa una profunda transición energética. El objetivo es prescindir del carbón que alimenta miles de plantas termoeléctricas. A diferencia de Trump, no es la ideología la que impulsa a los comunistas chinos. Es la realidad de ciudades asfixiadas, con enfermedades respiratorias de magnitudes epidémicas, la que ha pasado al centro de la agenda política doméstica.

El Partido Comunista tiene conciencia del creciente malestar ciudadano por la contaminación atmosférica. Alarmado por las protestas ciudadanas dio un golpe de timón. Proclamó que China ha tomado distancia con la obsesión del crecimiento económico a todo precio y evoluciona hacia un modelo más sustentable en el que prime la calidad sobre la cantidad.

Un plan presentado a comienzos de este año postula invertir 360 mil millones de dólares de aquí al 2020 en energías renovables, eólica y solar ante todo, que crearán unos 13 millones de empleos. En el proceso, China obtendrá enormes ventajas técnicas y abaratará sus productos. Así, China, en curso a una transición energética, tiene todas las posibilidades de dejar atrás a Estados Unidos en este campo. Hoy las plantas termoeléctricas generan 70 por ciento de la electricidad consumida. A través de las energías renovables pretenden aspiran a abastecer el grueso de la demanda energética. Ello además le permite, en el plano internacional, proyectarse junto a la Unión Europea como líderes en la lucha contra el cambio climático.

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