¡Feliz día, papás!

Por Hugo Tagle
  • Capellán UC. Twitter: @hugotagle

Este domingo 18 celebramos el Día del Padre. Comencemos con un gran ¡felicidades y gracias! a todos los papás aperrados, entregados y sacrificados de nuestro país, que son muchos. Hay muy buenos padres, ejemplares en su vida cotidiana, alegres, entusiastas y buenos referentes para sus hijos. Téngalo claro: la mayor de las empresas y logros de una persona, de un matrimonio, será su familia. "No concibo ninguna necesidad tan grande en la infancia de una persona como la necesidad de sentirse protegido por un padre", señala Freud, celebre sicólogo, en relación a la importancia de la figura paterna.

"Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve a uno pianista". En efecto. Ser padre es una actitud, no sólo una relación biológica. Esto de ser padre es un "hacerse" cotidianamente, todos los días se crece un poco más, a punta de éxitos y fracasos. "Un buen padre vale por cien maestros", dice el gran pensador Rousseau.

Los padres, para ser felices, tienen que dar. Dar siempre, esto es lo que hace un padre. Ser padre es donarse, regalarse, entregarse por entero a los hijos. Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil: un padre es el que da el amor. Más que cosas materiales, es la compañía, el afecto, lo que perdura y vale. Y esto es de a dos. "Amar a la madre de sus hijos es lo mejor que un padre puede hacer por sus hijos", dice Banville, un poeta francés. El amor de los esposos será siempre el mejor de los regalos y seguros para los hijos.

Y el ejemplo será la mejor de las prédicas. Los niños nunca han sido muy buenos para escuchar a sus mayores, pero nunca han dejado de imitarlos. Las palabras podrán servir, pero los ejemplos son los que mueven y cambian los corazones infantiles y adolescentes.

Umberto Eco, escritor italiano, nos dice que "en lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en los ratos perdidos, cuando no están tratando de enseñarnos. Estamos formados por pequeños trozos de sabiduría". Más que los grandes discursos, incluso más que las grandes experiencias de viajes o vacaciones, son esos breves e insignificantes momentos de cada día con ellos, los que marcan a un hijo.

¿Cómo educar? Hágalo para que sean personalidades libres, autónomas, seguras y alegres. Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es permitir que ellos hagan cosas por sí mismos, que puedan ser fuertes, dejarles ser mejores personas, dejar que ellos crean más en sí mismos. Los hijos necesitan que la mayor parte del tiempo sean amados por lo que son, no pasar todo el tiempo corrigiéndolos. Una novelista americana, Barbara Johnson, dice: “Si quieres estar en los recuerdos del mañana de tus hijos, tienes que estar en el presente de su vida cotidiana”. Pierda el tiempo con sus hijos. Es una inversión que rentará al largo plazo.

Por último, consagremos a los padres al padre común, el Dios de la vida. Un padre es imagen de Dios en la tierra para sus hijos ¡Que el Señor de la vida y el amor cuide, ayude y regale sabiduría a nuestros papás!

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