A ti que vas en el Metro

Por Eduardo Waingortin
  • Rabino. Capellán de La Moneda

A ti que vas en el Metro y a veces los viajes son largos, te debe pasar lo mismo que a mí, que empezamos a mirar las caras de las personas que están alrededor y pensamos cuáles serán sus historias.

De pronto vemos a una madre con su hijo frente a nosotros o a alguien que sale de su trabajo y se duerme, a veces vemos una pareja de pololos y cada una de esas imágenes nos evoca recuerdos y hacen que el tiempo del viaje pase más rápido.

Sin embargo, hay otras veces en que sin querer lo que hacemos es mirar al prójimo prejuiciosamente y entonces a esos pololos los miramos mal, pensamos qué estarán haciendo, a esa madre con el hijo, sentimos que no le está dando la adecuada atención y prejuzgamos, y a ese trabajador que vuelve de su labor, pensamos que dormita para no tener que dar el asiento.

Y eso está mal.

Podríamos hacer el ejercicio inverso, pensar bien de esa gente, e incluso imaginar sus hermosas historias de vida. Eso nos haría mejor a nosotros, nos cargaría de energía positiva e incluso podríamos esbozar una sonrisa cómplice, empática y alegre.

El otro día -debo confesar con mucho dolor- sin viajar en el Metro, dos grupos se encontraron en un estadio de fútbol y en vez de cultivar amor, en vez de prejuzgar positivamente, provocaron un ambiente de dolor por prejuicios negativos, por falta de valores deportivos y porque aquello que pudo terminar en un abrazo, se transformó en discordia.

El tiempo pasa igual para cada uno de nosotros. El tiempo es inexorable y podríamos dedicar ese tiempo para la hermandad, para resolver conflictos, para el entendimiento, para sembrar la paz, en vez de utilizarlo para sembrar conflictos, para generar desentendimiento y para evitar la paz.

El otro día, el partido que se jugó en el Estadio Palestino fue lamentablemente un momento de dolor, en que se faltó el respeto al otro. Fue también una oportunidad perdida para sembrar amor, entendimiento y paz.

A ti que andas en el Metro, cuando mires el rostro del que viaja contigo, míralo para bien. Si quieres prejuzgar hazlo positivamente y serás más feliz, el tiempo pasará más rápido y te llenarás de alegría y de paz

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