El encuentro de Francisco con Chile

Por José Manuel Castro
  • Voces Católicas, Universidad San Sebastián

Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco tienen algo en común, además de haber estado al servicio de la Iglesia Católica como papas. Durante su pontificado, cada uno de ellos realizó viajes apostólicos por los cinco continentes del mundo, cuestión absolutamente nueva en la historia de la Iglesia. Esto no es casualidad: Cristo envió a sus apóstoles a proclamar el Evangelio a todas las personas y a todos los lugares del mundo. Si bien cada Santo Padre ha cultivado un estilo particular y propio que lo caracteriza, los viajes pastorales han sido una forma de concretar la permanente misión universal de la Iglesia.

La visita que realizará el papa Francisco a Chile, entre el 15 y el 18 de enero de 2018, será la segunda vez que un Santo Padre pise territorio nacional. La primera ocasión, hace exactamente 30 años, le correspondió a Juan Pablo II, en un memorable viaje en el que recorrió nuestro país de norte a sur, llevando el mensaje de vida, esperanza y reconciliación a Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas, en lo que sería para él un “itinerario de evangelización”.

Medios de comunicación como la prensa, la radio y la televisión permitieron que las palabras de Juan Pablo II llegaran a todas las familias chilenas. Desde su arribo a Chile, el Santo Padre expresaba, con un corazón abierto, cariñosas palabras de “simpatía y afecto a todos los chilenos sin distinción, hombres y mujeres, familias, ancianos, jóvenes y niños”.

El mensaje universal del Evangelio estaba dirigido a todos los chilenos sin distinción alguna, destinando espacios para encontrarse con políticos, intelectuales, campesinos, pobladores, trabajadores, indígenas, presos y extranjeros. En definitiva, con todos quienes conforman Chile.

La próxima visita del papa Francisco tendrá un sentido similar. No hablará única y exclusivamente a los católicos, sino que traerá un mensaje de fraternidad a todo el pueblo de Chile. Ya en su primer viaje a América Latina en julio de 2013, recién llegando a Brasil, Francisco señalaba su intención de “abrazar a toda la nación brasileña, en el complejo de su riqueza humana, cultural y religiosa. Que desde la Amazonía hasta la pampa, desde las regiones áridas al Pantanal, desde los pequeños pueblos hasta las metrópolis, nadie se sienta excluido del afecto del Papa”.

El Chile que conoció Juan Pablo II en 1987 no es el mismo al que llegará Francisco en 2018. Si bien actualmente se expresan algunos síntomas de fragmentación, apatía y desorientación en nuestra sociedad, la visita de Francisco puede ser una oportunidad para hacer examen, reflexionar y cambiar el rumbo, abriendo el oído y el corazón a un mensaje de fraternidad que habla a todos y a cada una de las personas, que busca penetrar en las profundidades de la existencia humana.

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