Primarias 2017: “Es la cultura, estúpido”

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

El domingo ganó Piñera. Mejor dicho: ganó el piñerismo. El piñerismo es una expresión cultural. Nunca ha sido la derecha tradicional. Pero hoy se ve potenciada. La gente está pidiendo piñerismo. Ésa es la desgracia para el Frente Amplio. Ése es el problema para la Nueva Mayoría.

Muchos necesitan poner plata en sus bolsillos.

Ese es el primer factor para entender que pasó el domingo. La gente no puede pensar el futuro si ni siquiera tiene presente. Muchos están viviendo al 3 y al 4 y la Nueva Mayoría debería ponerle un monumento a Uber. Sí, a Uber. Entonces la oferta de “cuando estaba Piñera había plata” se vuelve útil. Directa. La tengo en la cabeza, en un matrimonio hace pocos meses, en una mesa donde un tipo me grita “pero mira, subieron los impuestos y no puedo comprar un departamento”. Le pregunté “¿pero te vas a comprar un departamento?” y me dijo: “no, pero tampoco puedo”.

Me quedó marcado. Me quedó tan marcado como cuando en la radio me atreví a plantear que iba a ver un golpe conservador de vuelta. Silencioso. Un espaldarazo. La lógica de “los que no marchan y no hacen ruido” que Piñera defendió muy bien en su campaña. Por supuesto, un progresismo borracho en consignas y en deseo (histérico, religioso, sectario) no puede ser capaz de ver eso. Y personalmente lo detecté cuando recibí insultos de personas que conozco (y las que he compartido) cuando lo sostuve públicamente: “A lo Donald Trump: se van a cansar de que les dictemos lo que tienen que pensar y no les enseñemos a pensar”.

Me trataron de lo peor. Que “estaba remando para otro lado”. De pronto los vi comportándose como Chechos Hiranes, lo mismo que criticaban del otro lado. Pura fe, poquita razón.

Nuestros progresistas no pueden creer lo que pasó el domingo: el Frente Amplio marcó menos que la votación de Ossandón. Y lo peor de todo es que asumen la estrategia más infantil: insultar a los que votan a Piñera. Peligrosas son las consignas tipo “la gente es tonta porque quiere pagar su educación, porque quiere estar hasta los 70 años trabajando”. Ciegos son los “no puedo creer”.

Les voy a contar una cosa: es por algo. No los tocó un extraterrestre.

Hay dos claves.

La primera es que hay un nuevo Piñera. Piñera era estéticamente Trump en la primaria: no era Ossandón como pensamos. No volvió en modo “buena onda”. Apostó contra la tendencia y ganó: no quiere ser amigo de los que no quieren su amigo.

La diferencia entre la izquierda y la derecha de hoy es que esta última te ofrece sentirte fuerte y en un mundo salvaje (porque ganó el capitalismo y es probable que no haya otra fórmula por el momento) eso es más valorado en medio de lo precario que se ha vuelto todo, que sentirse inteligente.

Sería bueno que nuestros progres lo aprendan. Sería mejor que se sacaran el buenismo.

Un asesor económico de Clinton alguna vez dijo: “Es la economía, estúpido”.

Acá la frase es: “Es la cultura, estúpido”.

Ese el trabajo más difícil: cambiar una cultura. El resto es música.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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