Marcela Aranda, Henry Boys y la cruzada por acosar al otro

Por Nicolás Copano
  • Nicolás Copano

Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza

Esta sociedad dejó de dudar. La mezcla de la incertidumbre por el futuro medioambiental y económico genera aislamiento. Además, los modelos de negocio de internet basados en la agrupación de personas para vender productos no juntan lo distinto y premian lo similar. Eso es la burbuja de filtro: lo que tú ves no es lo que yo veo.

Por eso las redes sociales se han transformado en una suma de grupos que niegan el conocimiento para otorgar una seguridad.

"Internet en un inicio nos habría hecho saber de otras ideas, personas o costumbres".

 Hoy queremos leer a personas para estar de acuerdo con lo que pensamos. Queremos darnos “me gusta” a nosotros mismos. Pero esto, en el mejor de los casos. En el peor, coordinamos agresiones y acosos.

Hay personas que se ganan la vida con eso. Para ello explotan la debilidad de las personas: sus miedos, deseos y traumas. “¿Que no harías por proteger a tus hijos?” te preguntan, para presentar un nuevo terror. Encuentran ahí aceptación de quienes están mas debilitados.

Los nuevos debilitados son los precarizados: personas que crecieron con la fantasía de un futuro mejor a través de los estudios o respetando las reglas y la cultura oficial. No lo están encontrando: por eso, creen que en una próxima vida, cuestión de la que sólo especula la religión.

Marcela Aranda y compañia, que salieron a marchar en un bus financiando por instituciones conservadoras internacionales, son precarizados. No sólo precarios económicamente, también culturalmente. Y están orgullosos de serlo. Quieren mantener “el orden” que han visto para sus vidas. Un orden, que como para Henry Boys, viene desde una fuerza superior espacial.

Cobran por eso. Y para defender su modelo de negocio defienden la cruzada de acosar al otro. Van por quienes tienen objetivamente menos libertades que ellos. Los grupos LGBTI y las mujeres. Estos grupos son separados del sistema económico y social: las mujeres ganan menos dinero y se supeditan a una justicia que no confía en ellas. Que decir de los grupos LGBTI que no tienen los mismos derechos ciudadanos, como por ejemplo, casarse, adoptar hijos, expresar libremente su amor sin temer ser discriminados, entre otros.

No hay que equivocarse: son matones. Y hacen trampa con las palabras: nadie le exige a un conservador dejar de serlo. Nadie pide que cambien los preceptos de su religión. Pero ellos dicen que se quieren meter con ellos. Y con sus hijos. Pero son ellos quieren meterse con los hijos de los otros y con los pocos derechos que han podido conquistar.

Otra trampa: las personas se respetan. Las opiniones (que son una manera de expresar ideas) se discuten. Pero ellos sostienen que “no los toleran” por querer negar personas. Porque ésa es la búsqueda: negar la realidad. Invisibilizar. Porque simplemente no les acomoda.

¿No hay acto mas egoísta que ese? ¿No les da vergüenza vivir de eso? ¿No les da vergüenza llevarse un plato de comida gracias a eso?

Dejo servidas estas dudas.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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