Tensa crónica bélica

Por Joel Poblete
  • Periodista especializado en cine, programador de Sanfic y comentarista de Radio Zero.

Qué duda cabe. "Dunkerque" no sólo era una de las películas más esperadas del último tiempo, sino además es una de las pocas que logra cumplir e incluso superar las expectativas cinéfilas, que no eran menores: mal que mal, es el regreso del británico Christopher Nolan, quien a lo largo de casi dos décadas y con apenas nueve largometrajes previos, se ha convertido en uno de los realizadores más admirados de la actualidad.

Y por si fuera poco, éste es el primer trabajo suyo que retrata un hecho real, en este caso, la célebre evacuación de tropas en las playas de la homónima ciudad portuaria francesa en 1940, en uno de los episodios más significativos de la Segunda Guerra Mundial. Además, en tiempos dominados por los efectos digitales y las nuevas tecnologías, Nolan apostó por filmar "a la antigua", con miles de extras, e incluso aviones de la época original.

Pero más allá de esos datos, lo importante es que la película funciona, y muy bien, y es mucho más que un "capricho" o "gusto" personal del cineasta, o un intento de hacer una película "de prestigio" histórico para ser nominado al Oscar.

Como espectáculo visual y sonoro es notable, su ambientación de época está realzada por la espléndida dirección de fotografía del sueco Hoyte Van Hoytema; no cede fácilmente a los clichés y convenciones del cine bélico, porque de partida no es simplemente una apología del heroísmo o una mirada a los sinsentidos de la guerra, dos de los extremos en los que a menudo caen producciones similares. Porque acá, aunque en algunos casos se dieran puntuales casos individuales de valentía o riesgo, las dramáticas circunstancias no permitieron un despliegue heroico o triunfal, sino más bien era casi una desesperada carrera contra el tiempo.

Contando una historia coral con saltos temporales y distintos protagonistas a los que el espectador debe seguir en paralelo, de seguro confundirá a más de alguien porque su relato no es suficientemente claro en ese aspecto -aunque a la vez se podría justificar como reflejo de la confusión que reina en instantes como los que retrata-, pero a la vez la trepidante tensión de esta crónica bélica se transmite muy bien al público, llevando al extremo una de las características más reconocidas de su filmografía: esa intensidad que hace que en diversos momentos sus películas parezcan una olla a presión a punto de estallar, lo que acá es resaltado aún más por el uso del sonido, el montaje y la banda sonora de Hans Zimmer, que transita desde Jonny Greenwood a Edward Elgar.

Los críticos no están escatimando elogios para este nuevo filme, pero por encima de discutir si es o no el mejor de la carrera de Nolan, hay que reconocer sus méritos. Y también no pasar por alto que en este esfuerzo, sin duda ambicioso, el director y guionista no va más allá de la superficie o los estereotipos que simbolizan sus personajes, aunque afortunadamente cuenta con excelentes actores que los hacen reales y creíbles. Sus detractores o quienes lo encuentran sobrevalorado tendrán quizá algunos nuevos motivos para criticarlo, pero incluso quienes lo acusan de ser frío o excesivamente cerebral, tendrán que reconocer que ahora consigue estremecer, e incluso conmover, con un tipo de cine que hoy no es habitual en la cartelera comercial.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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