El racismo tácito de Trump

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Bandas de neonazis y supremacistas blancos, de distintos puntos de Estados Unidos, convergieron en Charlottesville, Virginia. Allí algunos desfilaron armados con fusiles de asalto gritando consignas racistas. En medio de un despliegue de banderas de la Confederación, que luchó por mantener la esclavitud en la Guerra Civil de 1861-65, se distinguían las capuchas blancas del Ku Kux Klan, la organización dedicada a perseguir y aterrorizar a la población afroamericana.

La convocatoria a la marcha era en protesta contra la remoción de una estatua del general Robert E. Lee, el jefe de las tropas confederadas del sur esclavista.

Los participantes gritaron consignas islamofóbicas, antinegras y antisemitas. Emulando los atentados del Estado Islámico, uno de los extremistas de derecha lanzó su auto contra una multitud local. El atentado, calificado como terrorismo doméstico por las autoridades, causó la muerte a una mujer e hirió a decenas de manifestantes antirracistas.

El incidente causó una ola de repudio a lo largo y ancho del país. Para sorpresa general, el presidente Donald Trump mantuvo 48 horas de mutismo. Nada de los consabidos y polémicos tuiteos. Finalmente, cuando rompió el silencio, señaló que ambas partes eran culpables de la violencia. Incluso acusó a los manifestantes que protestaban contra el racismo de haber atacado a los fuertemente armados neonazis que, según dijo, contaban con permiso para desfilar. No así los que rechazaban el supremacismo. Ni una palabra contra contra el odio racial y la exaltación del nazismo.

La ambigüedad, que avalaba a los racistas como una postura legítima, causó consternación en vastos círculos. Ello llevó a Trump a leer una declaración en que condenaba las posturas supremacistas como repugnantes y ajenas a los valores norteamericanos. Fue una postura que le fue impuesta por sus asesores en la Casa Blanca. A poco andar, durante una conferencia de prensa, borró con el codo lo dicho e insistió en defender a los manifestantes racistas señalando que entre ellos había gente buena.

El planteamiento de Trump provocó un verdadero sismo político. El militar fue uno de los estamentos que reaccionó con mayor fuerza. Los jefes de todas las ramas emitieron un comunicado condenando a los neonazis y el racismo. Los uniformados tienen razones para temer los brotes de discriminación. Las fuerzas armadas han dado una lucha contra el racismo en sus filas. En Vietnam el ejército llegó al borde del amotinamiento entre otros factores por la discriminación que sufrían los afroamericanos y latinos.

Por cierto los jefes militares no mencionaron a Trump por su nombre, pero la toma de distancia con el comandante en jefe es manifiesta.

Otro tanto ocurrió en el mundo corporativo. Varios gerentes de las mayores empresas del país renunciaron, en protesta, al consejo asesor empresarial del presidente. Cuando era evidente que se gestaba una renuncia masiva, Trump optó por disolver la instancia.

Es claro que la presidencia de Trump ha estimulado un auge racista que divide a los Estados Unidos.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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