La vía chilena a la mezquindad

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Vía chilena al socialismo. La DC chilena. Partido comunista chileno. Si uno analiza los casos inspirados por modelos extranjeros siempre encuentra una característica. Soy enemigo de la comparación de la versión local con la global, porque la edición nacional de las cosas habla de nuestra cultura. De nuestras peleas. De nuestra lucha de “clusters”. Acá la cosa no sólo es de clases: es de etiquetas. De colegios, universidades, clubes de fútbol y hasta de bebida gaseosa. Nada de valor sobre el otro.

Es cierto que el clasismo mata, pero la desconfianza enfermiza le pone parafina a las relaciones humanas.

Esta semana desapareció el miedo a criticar al Frente Amplio. Frente Amplio chileno. La experiencia chilena de crear “otra izquierda” con capacidades de gobernar. No puedo dejar de sentir simpatía por los liderazgos generados el 2011. Soy parte de esa generación. Pero a diferencia de mis pares (y muchos amigos) no milito, por una razón muy simple: yo no creo en los cambios porque son la versión chilena. Está en nuestro ADN arruinar las cosas bonitas. Acá el grito del margen gana a la razón. Y, por desgracia, siempre hay alguien inteligente que justifica eso. En la era del like, la izquierda tiende a confundir el amor con el objetivo.

En el ADN chileno hay una clase acomodada con un problema serio: la extracción. Las relaciones sociales y económicas son extractivas. No dan nada a cambio, y ése es el problema por el cual nadie quiere a las elites o ¿usted registra algún acto de filantropía del empresariado chileno en su barrio?

Los hijos de las elites, como todos los hijos del mundo, no tienen la culpa. Pero muchas veces replican la cultura sin darse cuenta.

Lo de Mayol es mezquino y castigador. Mayol le dio relato al Frente Amplio en los medios masivos desafiando intelectualmente la candidatura de Beatriz Sánchez. Mejoró la performance. Ahí pasó algo raro en un grupo de izquierda, siempre divisible por dos: ganaron todos.

Si alguien me trae un 30% de votación y toda la repercusión generada, le doy lo que quiera.

Pero no: la sensación frente a todos es que no hubo nada (más allá de si hubo algo) y que, incluso, intentaron bajarlo entre gallos y medianoche.

Ahí la factura le llegó a Giorgio Jackson.

Ahí esta el segundo punto, por el cual nada va a cambiar: Jackson es sólo uno de los miembros de la mesa. Pero lo lapidaron en redes sociales como si fuese un enorme operador. Y la verdad si lo fuese, no hubiese pasado todo esto.

Todo lo que pasó fue torpe y triste. Pero más triste fue ver cómo le daban y nadie dijo nada. Nadie consideró el esfuerzo de levantar un Frente.

Todo muy chileno. Sin paños fríos.

El problema es la cultura. Guinda de la torta fue un estado en Facebook donde el Frente Amplio llamaba a “no celebrar” el avance del aborto en tres causales. Al mismo tiempo cuando su propia candidata aparecía celebrando en televisión.

Es cierto: no estamos en un país nórdico, pero es un progreso.

Primero, para cambiar a la gente, tienen que cambiarse a sí mismos, muchachos.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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