Solidaridad: hacia una nueva política pública

Por Juan Eduardo Faúndez
  • Subsecretario de Servicios Sociales, Ministerio de Desarrollo Social

Fue en 1994 que el Congreso Nacional decretó el 18 de agosto como el día de la solidaridad en homenaje al padre Alberto Hurtado, quien falleció en esa misma fecha en el año 1952. Pasados 23 años, hoy día reconocemos agosto como el mes de la solidaridad en nuestro país. Pero, más de una vez hemos observado que se traspasa la línea fina entre la solidaridad y la caridad, y a pesar de las buenas intenciones caemos en un campo que no ayuda al desarrollo de diversas generaciones de chilenos.

Caridad es algo que se dispensa a los menos afortunados, se basa en que hay quienes están arriba y quienes están abajo, en un “nosotros” frente a “ellos” y es igual de inhumana para ambas partes. Se funda en la premisa que quien entrega la ayuda conoce las necesidades del receptor y que está empoderado a decidir cuándo y de qué forma le provee. Las políticas asistencialistas nacen de este pensamiento y dan lugar a una sociedad clientelista donde la brecha de desigualdad sólo puede aumentar.

No confundamos, es obvio que proveer a una persona en situación de calle, especialmente en este agosto tan frío, con una comida caliente es un acto muy bello, pero no resuelve el problema, porque él seguirá en la misma situación mañana y todos los días que han de venir.

La solidaridad no viene a quitarle el hambre de una noche, sino que viene a eliminar la necesidad de esta persona a la caridad de otros, viene a entregarle la dignidad y las herramientas necesarias para que nunca más pase hambre o frío.

La solidaridad apunta a las raíces del problema, pretende otorgar iguales oportunidades a todos. La más poderosa de estas herramientas que el Estado puede entregar a la sociedad para su desarrollo sociocultural es la educación como un derecho, gratis y de calidad.

En este contexto es que la reforma educacional llega a ser un frente de lucha muy importante, no sólo para el gobierno de turno, sino para el futuro del país. Esta misma mirada solidaria también nos permite ver lo fundamental que son el tema de acceso universal a la salud y una jubilación digna y solidaria para elevar el bienestar de la actual generación y asegurar un futuro más brillante para las siguientes generaciones.

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