Hay que cambiar

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Qué difícil es el cambio. Es tan difícil que nos cuesta asumir las nuevas realidades. Escribo esto a propósito de cómo los medios de comunicación se tomaron, en general, el paso de la ley de aborto 3 causales por parte del Tribunal Constitucional.

Luego de horas de espectáculo conservador, que incluso integraron a un hombre solitario autodenominado pastor, al cual no le conocemos el rebaño, muchos sin darse cuenta siguieron cubriendo el lado conservador, con la misma intensidad de haber ganado el debate.

Como una cadena nacional de “tengamos compasión” que no sucede con el lado progresista. Como si vencieran “los malos” para problema de “los buenos”.

Los “buenos” no lo son tanto, muchas veces. Hay gente que por supuesto cree ser buena y hace cosas espantosas, como negar derechos humanos. Hay otros que sienten que están ahí “por una misión superior”, pero nunca habla el superior, sino más bien, tienen temor a la muerte.

En la sentencia, el TC establece que “la Constitución no le otorga al que está por nacer la categoría de persona” y que “la madre no puede ser considerada un instrumento utilitario de protección del no nacido”.

Piñera dice que (de ganar la presidencia) buscará revertir esta idea, aunque no sea posible: no puede reversar un proceso legislativo porque no tendría la mayoría para eso y porque no se puede anular una ley (véase el duro intento de eliminar la ley de pesca).

El tema es que ahora viene otro asunto candente: el matrimonio igualitario. Existe una mayoría abrumadora hacia la posibilidad del matrimonio y estamos 50:50 con el derecho de los homosexuales a adoptar.

Pero aquí vendrán los argumentos, desde lo religioso y lo moral, en un nuevo “secuestro de palabras”, que por lo menos nos invita a reflexionar algo que siempre sucede con el tiempo: las ideas conservadoras se caen y hay un motivo clave para entenderlo. Aunque un concepto sea “a prueba de balas” por lo etéreo, la gente que lo predica va cambiando y se va integrando a sociedades más abiertas, más modernas, más complejas. Nuevos desafíos, tipos de familia e intereses.

Todo cambia. Es muy difícil, cuando uno está en lugares que se ven firmes, pensar en un mes más o dos años. Más aún en este país donde proyectar mucho es casi imposible porque viene cualquier desastre natural y literalmente nos bota la casa.

Esa es la cultura que tenemos que erradicar: tenemos que volvernos “más livianos” en nuestro cierre, porque ,como hemos visto, incluso el presidente de Estados Unidos puede ser una persona impresentable, pero las cosas avanzan igual.

Y más peligrosa es la amenaza doméstica, donde el que, inspirado por motivos religiosos o de raza, siente que tiene “el poder superior” de instalar el orden.

Hasta ahora, parece ser que los locos de Charlestonville son más peligrosos que Donald Trump. Porque el problema está ahí, el que quiere ponerte las rejas no está en el Congreso: está en tu barrio.

Es bueno conversarlo para entender el futuro. Un futuro distinto.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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