Cuidado con la grieta

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

En todos los países del mundo se está viviendo un fenómeno de inseguridad singular. La globalización e internet iban, según nosotros, los esperanzados, a permitir que más gente conociera realidades distintas y eso era la ruta a una revolución bondadosa.

Nos hemos equivocado: el ser humano ayer gregario hoy es un ser individual que defiende su derecho a la diferencia, el cual en vez de complementarse rechaza al otro.

Esto, por supuesto, genera un relato político interesante: el “todos juntos” de Los Jaivas hoy sería un himno para niños. Parece que vivir separados es el rito de seguridad, en especial cuando todos quieren conquistar las hegemonías: las religiones, son un buen ejemplo de ello.

Por eso lo que sucedió en el Te Deum es inquietante.

Las huestes progresistas fallaron su estrategia: en vez de invitar a cambiar desde la educación lo llevan desde el increpar al otro a un punto en que se aleonan y la devuelven. Por eso ganó Donald Trump en Estados Unidos.

Es muy difícil convencer de esto a los grupos progresistas por dos razones: uno es que son potenciales perseguidos, porque ya lo fueron en momentos de la historia. Y el otro es porque también se han empoderado económicamente y la economía que gobierna el mundo no es lo más colaborativa, por decirlo de algún modo.

Entonces estamos en una trampa cultural en un momento donde encima el principal motor de desarrollo de ideas es internet, que jamás te presenta ideas distintas si no las buscas. Es más: te premia y te da contenido más eficaz para tu cabeza si está dirigido y no llama a la curiosidad.

Esa trampa puede tentar a cualquiera, pero hay que tener mucho cuidado, porque es jugar con fuego.

La Presidenta Bachelet, el 21 de mayo del año pasado, sostuvo que no iba a abrir la grieta, como pasó en Argentina con el kirchnerismo y pasa en Estados Unidos con un Trump ambiguo con las fuerzas de ultraderecha. “Algunos no ven que hay que cerrar la grieta social que se ha cerrado en nuestro país”. Esa grieta era una oportunidad política, que valientemente (como muchas cosas en su gestión, aunque le duela a cierta lógica reaccionaria) no tomó.

Si Bachelet aleonaba la lucha de clases sociales, podía ganar mucho rédito. Incluso si eso lo tomaba como un elemento para enfrentar a los medios que construyeron cadena contra su proyecto en ciertos momentos, tomando insumos como el caso Caval.

Esto es polémico incluso para el mismo progresismo. ¿Por qué pasó esto?

Y eso será el motivo por el cual pasará a la historia: incluso les dio la pelea a los caminos más fáciles.

Bachelet es el anverso hoy de un Piñera tentado por la posibilidad de levantar esa grieta. Y tiene todo para hacerlo: el Te Deum fue la prueba. Las fuerzas conservadoras quieren de vuelta el orden.

Esto puede ser un error para su potencial administración futura porque es cierto: pueden darle ruido y aguante, pero no son la mayoría hoy. Y es probable que pocos vayan a votar.

La grieta está ahí, latente y fuerte. Y con grupos jóvenes dispuestos a tomar rédito. Ojo.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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