El miedo de los latinoamericanos

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Cada 15 minutos, cuatro personas son asesinadas en América Latina. Ello representa un total de casi 400 individuos diarios. Hay un viejo decir que la mitad de los latinoamericanos no come mientras la otra mitad no duerme. La desigualdad extrema lleva a los hambrientos a tratar de arrebatar algo a los que tienen, quitándoles el sueño y a veces la vida. Pese a que hay algo de cierto en la afirmación, ella es inexacta, no sólo en cuanto a las proporciones, sino que a las causas. Junto a la marginalidad, las drogas influyen de manera decisiva en la brutal tasa de homicidios que la convierte en la región más peligrosa del mundo. Latinoamérica alberga a ocho por ciento de la población, pero en ella tiene lugar un tercio de los homicidios. Mientras en otras regiones baja la tasa de homicidios, en América Latina sigue al alza.

México, se encamina a un nuevo récord, pues 21.800 personas fueron asesinadas hasta septiembre de este año. El presidente Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico en el 2006. Lo hizo comprometiendo a fondo a las fuerzas armadas y los resultados son desastrosos: más de 200 mil personas han perdido la vida en enfrentamientos, arreglos de cuentas y asesinatos. El derramamiento de sangre ha sido en vano pues el país está lejos de superar el reto del narcotráfico. Asesinar en México lleva el riesgo de represalias de las bandas rivales o de las fuerzas uniformadas, pero la justicia es una preocupación menor para los criminales. El 92% de los asesinatos no encuentra un culpable en los tribunales. Algunas estimaciones elevan el porcentaje a 99%, si se consideran las muertes que no son denunciadas. Una notoria ausencia del Estado.

Venezuela, a su vez, registró 17.778 homicidios en 2015, la última vez que se entregaron cifras oficiales. Según cálculos del Observatorio Venezolano de Violencia, en 2016 los homicidios totalizaron 27.785, con 90 asesinados por cada 100 mil habitantes, una de las tasas más altas a nivel mundial. Caracas fue proclamada la ciudad más violenta del mundo. En la clasificación de las urbes más peligrosa está escoltada por 25 ciudades brasileñas que destacan entre las 50 con el mayor número de homicidios. En la triste lista de la muerte también figuran El Salvador, Honduras y Colombia.

Una de las razones de la tolerancia de las autoridades ante semejante epidemia de violencia es la extracción social de las víctimas. En su mayoría son jóvenes pobres, a menudo desempleados, entre 15 y 29 años. La pasividad del poder está reflejada en la bajísima tasa de condenas a los homicidas, la impunidad es la tónica. Sólo cuando la violencia traspasa la barrera de los marginales, lucha entre carteles o maras, los gobiernos asumen una postura más severa.

El país más seguro de América Latina es… sí, acertó, Chile, que según el Homicide Monitor, registró 495 asesinatos en 2016, lo que da una tasa de 2,7 homicidios por cada 100 mil chilenos. Para mantener y reducir este nivel es necesario perseverar en una estricta política de erradicación de las armas de fuego. Las encuestas señalaban que la mayoría de los latinoamericanos siente temor e inseguridad. La tenencia de armas no sólo no mejora las cosas, sino que las agrava.

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