Trump amenaza a El Salvador

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

La elección de Donald Trump causa una angustiante incertidumbre para millones de latinos. Ahora unos 200 mil salvadoreños residentes en Estados Unidos saben que serán deportados. Esta semana, Washington anunció que terminará con el Estatus de Protección Temporal (TPS, según la sigla inglesa). Un programa que aseguraba, desde el año 2001, la residencia a quienes se acogían al estatus aludido. Algunos países tras sufrir desastres naturales o conflictos bélicos fueron beneficiados con el TPS. En el hemisferio destacan Haití, Nicaragua y Honduras. A 59 mil haitianos ya les revocó el TPS y ya corre el plazo de 18 meses para que abandonen el país. Unos 57 mil hondureños aguardan conocer su suerte.

Pese a provenir de un país de escasa población, 6,3 millones de habitantes, los salvadoreños son la cuarta comunidad más importante entre los latinos con 1,2 millones de personas. En cuanto a los 200 mil beneficiarios del TPS, más de la mitad de ellos ya ha vivido casi 20 años en Estados Unidos. 88 por ciento tiene empleo y diez por ciento está casado con estadounidenses. Un cuarto ha adquirido una vivienda. Estadísticas que muestran que han echado raíces. Muchos tienen hijos nacidos y educados en el nuevo país de residencia y que, a justo título, se consideran estadounidenses. Si se considera que dos décadas permiten hablar de una generación, es un despropósito insistir en la condición temporal de estos inmigrantes. Realidad que fue tenida en cuenta por una sucesión de gobiernos, republicanos y demócratas,   que prorrogaron el TPS de manera rutinaria.

El Salvador es un país pequeño, en el que 40 por ciento de la población vive bajo la línea de pobreza. Nunca ha creado suficientes empleos para satisfacer la demanda. Así la emigración fue una constante válvula de escape. Fue la migración de salvadoreños a Honduras, unos 300 mil, la que detonó la llamada guerra del fútbol o de las cien horas. El conflicto iniciado por los militares salvadoreños fue un fiasco bélico. La breve guerra, que tuvo lugar en 1969, dejó dos mil muertos, 1.800 de ellos civiles en su gran mayoría hondureños.

El drama y la incertidumbre no sólo afecta a los salvadoreños protegidos hasta ahora por el TPS. El ingreso más importante de El Salvador son las remesas enviadas desde Estados Unidos. En el 2016 las remesas alcanzaron a los 4.570 millones de dólares. Una cifra que es superior a lo que el país obtiene por el conjunto de sus exportaciones. Las remesas equivalen al 17,1 por ciento del producto interno bruto. Es muy probable que cuando se conozca la cifra del 2017 los envíos superen los cinco mil millones de dólares. Las remesas son una inyección de recursos directo al bienestar de la población más urgida. Con ese dinero muchos pagan atención médica de abuelos y educación de parientes menores, además de contribuir a la construcción de viviendas y creación de pequeñas empresas y comercios.

Los salvadoreños acogidos al TPS viven ya bajo la amenaza de la deportación o vivir en la ilegalidad. Tienen hasta septiembre de 2019 para salir de Estados Unidos. Es una decisión sin miramientos humanitarios, que además golpeará al conjunto de El Salvador.

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