Desconcertante mezcla de drama y comedia

Por Joel Poblete
  • Periodista especializado en cine, programador de Sanfic y comentarista en Tele 13 Radio.

Precisamente una década después de estrenar su ópera prima, la elogiada y notable "Escondidos en Brujas", el dramaturgo británico Martin McDonagh ha vuelto a sorprender con su faceta como cineasta y guionista, con su tercer largometraje, que ya se ha convertido en una de las producciones más comentadas de la actual temporada fílmica: desde su debut mundial en la competencia oficial del Festival de Venecia, donde ganó el premio del mejor guion, y su trofeo en el Festival de Toronto que a menudo es indicador de probable éxito en los Oscar, ha ido cimentando su camino a probables nominaciones a las estatuillas de la Academia hollywoodense, donde su rotundo y reciente triunfo en los Globos de Oro fue un nuevo hito. Y ahora, titulada "Tres anuncios por un crimen", llega a nuestra cartelera, como era inevitable en medio de la expectación cinéfila.

Y podrá gustar o convencer más o menos al público, pero de seguro no dejará a nadie indiferente. Esta historia de una madre que con métodos muy poco ortodoxos intenta presionar a la policía del pueblo donde vive en Missouri, para resolver el asesinato y violación de su hija que luego de varios meses permanecen sin solución ni culpables, es una desconcertante mezcla de drama y comedia que se las ingenia para sorprender permanentemente al espectador con los giros argumentales y las actitudes de sus personajes, muy bien encarnados por un sólido reparto.

Aunque la presencia protagónica de Frances McDormand -en una de sus mejores interpretaciones, seca, resuelta, implacable y a la vez conmovedora-, la cotidiana realidad de un pequeño pueblo con un puñado de curiosos habitantes y un desfile de situaciones tragicómicas podrían evocar fácilmente a la notable "Fargo" y a la filmografía de los hermanos Coen, lo que McDonagh desarrolla acá también tiene personalidad propia, y resiste las comparaciones en su particular e inclasificable tono. La cruenta mirada a diversas zonas oscuras en la sociedad de la América profunda, el buen ritmo y la capacidad de no caer en lo rutinario o predecible en su puesta en escena y guión y el cuidado en rubros artísticos como fotografía y banda sonora, conforman un filme muy interesante, humano y provocador, que no siempre opta por las sutilezas o abusa de algunas de sus virtudes, pero de todos modos logra remecer y emocionar.

Los que aman, odian

Dos décadas después de su debut como cineasta y adaptando la prestigiosa novela homónima de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, en su segunda película el realizador argentino Alejandro Maci triunfa en lo visual gracias a a la atmósfera clásica lograda con su exquisita ambientación de época y fotografía, pero falla en el tono: aunque no carece de interés, su combinación entre melodrama pasional e investigación criminal es irregular y fallida y su aire anticuado se ve lastrado por una música reiterativa y casi omnipresente. Algunos actores funcionan mejor que otros, y en particular el popular Guillermo Francella convence a medias en un registro distinto a lo habitual, aunque hay que valorar que siga arriesgándose y explorando nuevos ámbitos interpretativos.

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