Italia: el malestar europeo

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Hay ciertas cosas sobre las que la mayoría de los italianos coincide. Así se deduce de los resultados de las elecciones del domingo pasado. El grueso de los votantes manifestó un sentimiento euroescéptico. Esto significa que dudan sobre cómo seguir adelante en el seno de la Unión Europea (UE). También apoyaron a los partidos que manifestaban el mayor rechazo a la inmigración. Hay en este tema el efecto de huevo y gallina. Se estima que un tercio del electorado considera el tema migratorio como clave. En consecuencia los partidos buscan capitalizar esta percepción y centran sus campañas en lo que han denominado las “crisis de los refugiados”. Las propuestas van desde el cierre de fronteras a inmediatas deportaciones masivas. Así los temores de la población son alimentados por ciertas formaciones políticas como ha ocurrido en Francia, Gran Bretaña y Alemania, entre otros países. En el caso italiano las estadísticas no se condicen con la retórica xenofóbica: la población extranjera se ha mantenido estable en 8% en los últimos cinco años. Además se aprecia una baja del crimen.

Lo que salta a la vista es la frustración del grueso de los italianos con la inestabilidad económica, altos niveles de corrupción, grados crecientes de exclusión, especialmente en el sur del país, amén del aumento de la desigualdad. En este contexto el grueso de los italianos, como en muchos países europeos y Estados Unidos, han hecho de los inmigrantes un chivo expiatorio.

La gran novedad de los comicios fue el fulgurante auge del Movimiento 5 Estrellas (M5E). Esta formación surgida en el 2009, que declara que no es de izquierda ni de derecha, es ahora por mucho el principal partido político italiano. El M5S propone una renta mínima de 600 mil pesos mensuales. Ha planteado el posible abandono del euro, la moneda común de la UE. También es partidario de retirar las tropas italianas de Irak y Afganistán. Propone asimismo que se levanten las sanciones contra Rusia, país considerado como un amigo histórico.

El cuadro político italiano, en todo caso, es confuso. Ninguna fuerza tiene una mayoría en la Cámara de Diputados que consta de 630 miembros. El M5S creció para convertirse en la formación dominante con 235 diputados. La Liga, de extrema derecha con estrechos contactos con organizaciones fascistas europeas, lidera la coalición de centroderecha con 260, que incluye 102 de Forza Italia, del ex primer ministro Silvio Berlusconi. El Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi, de centro izquierda, que gobernaba el país desde el 2013, sufrió un serio revés y vio reducido su voto a un mero 18%. Así resultará compleja la formación de un gobierno. En especial porque el PD ha declarado que no entrará en alianza alguna. Esto podría forzar al presidente Sergio Mattarella a convocar a nuevas elecciones en breve para destrabar la característica complejidad del entramado político italiano. Con todo, el electorado italiano ha develado cuán profundas son las antiguas diferencias entre el norte y el sur del país. El M5E barrió en las regiones australes, mientras la derecha capturó las regiones más ricas del norte.

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