La Rock&Pop

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

El Jueves Santo se acabó (otra vez) la Rock&Pop. La 94.1. Por supuesto las redes se llenaron de mensajes nostálgicos de programas gloriosos. Todos los que nos dedicamos a esto, alguna vez, quisimos estar ahí y los que pudimos nos sentimos orgullosos porque disfrutamos de su marca, de su música y de la posibilidad más profunda y más escasa: la de aprender.

Eso era lo bonito de los medios tradicionales: cuando no existía internet se construían semilleros para apelar a “los jóvenes” o lo que pensaban los medios que eran los jóvenes. Yo pude ser el último en estar en dos de ellos: el primero fue Zona de Contacto de El Mercurio, donde aprendí a escribir columnas y la Rock&Pop.

¿Qué tenía eso? Uno siempre parte pésimo. Cuando se escucha o ve, en los inicios, da vergüenza. Pero de pronto, pasito a pasito, mejora o desarrolla un estilo e, incluso, puede llegar a conectar con grupos de personas que adhieren a lo que piensas o que quieren conversar. Eso era lo hermoso de los medios tradicionales y lo increíble de los medios digitales: que democratizan eso.

Mi recuerdo de la Rock&Pop es súper fuerte: yo llegué a los 17 años y el que puso su huella en mí (como le pasó a todos los locutores en esa emisora, y eso era notable: alguien siempre firmaba por uno y apostaba) fue el Pato Cuevas, noble hombre de radio. Un animal que me hizo aprender algo que hasta hoy me cuesta, pero lo recuerdo siempre: tener paciencia. “Es lo único que vas a sacar de acá”, me dijo. Y así fue.

Exactamente en un año, pasé de escritor y voz de microespacios, redactor de promociones y columnista ocasional a conductor. Yo ya estaba en la tele paneleando y tenía un blog propio que leía harta gente. Pero mi sueño en serio, lo único que quería, era ser conductor de la Rock&Pop para presentar la música que me gustaba. Era el código de lo que me movía en el colegio, los discos, los mails a los programas, todo.

Tuve el honor de entrevistar para la Rolling Stone a Marcelo Aldunate, que es el alma músical y emocional de la radio y grabó ciertas conversaciones en mi cabeza como excelentes consejos. Aldunate es el anverso más político y estructural de Iván Valenzuela, otro gigante que conocí años despues.

Arriba estaba Marcelo Zúñiga. Era un tipo con una voz profunda que te marcaba cada vez que te hablaba y fue el primero que me metió a una reunión con extranjeros sobre plataformas digitales de contenido. Ahora que veo para atrás, sin los enojos torpes (quizá en su momento me faltó un Pato Cuevas para no ver todo en contra) veo que además esa radio me dio lo más lindo que conocí en mi vida: mi pareja, María José, que ganó una noche un concurso donde “salía con el locutor” y a la que le di esa misma noche un beso en el Liguria de Manuel Montt.

Doce años más tarde ella está conmigo. Y la radio sigue sonando fuerte. Uno siguió su camino. La emisora lo sigue buscando. Sería hermoso que lo encuentre, por el bien de los talentos que necesitan un lugar para vivir y emocionarse. Su propia mejor radio del mundo.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo