El nuevo sentido

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

“Antes vivíamos mejor no sabiendo tanto”, me dice mi madre por Whatsapp. A propósito de la actualidad. En un día bombardean Siria, hay un ministro diciendo torpezas, sacan una nueva consola retro. Y todo tiene el mismo tamaño. No dejes de sumar ver “La casa de papel”, para enganchar a una conversación.

Yo no estoy de acuerdo. Quizá saber más nos desafía a entender y a cuestionarnos el sentido del conocimiento y en otras dimensiones, como las emociones. Pero sí era más tranquilo, sí teníamos menos variantes que analizar cuando decíamos cosas: menos sentimientos en juego. Lo políticamente correcto es una consecuencia de la integración de los que antes no podían hablar a un lugar más grande, más democrático y por eso, potencialmente mejor. Aunque a veces no lo parezca. Porque nos invita a instalarnos en nuevos escenarios.

Lo que sí, a los que tienen el espacio para poder hablar, les deberían hacer un curso para soportar la posibilidad de equivocarse, porque la reiteración en formato texto leído con tu propia voz en la cabeza es para volverse loco. Tengo amigos que pelean todo el día en redes sociales tratando de explicar o cambiar algo que no se puede. Otros borran sus cuentas por derrapar una vez, o sentirse responsables de terceros (sus empleadores) y ser acosados por miles. No entienden que el juego de los otros es que no les importa ese mal momento. Y ellos van y reaccionan. No comprenden el nuevo sentido porque la vida no los formó para la multiplicidad de pantallas y conversaciones. Era el mundo del emisor y receptor claro: ahora, incluso, con no decir nada o pegar un meme o un sonido estás diciendo algo para muchos.

Sobrevivir a eso es el videojuego del día a día de los que buscan tener entidad. Que es un deseo muy válido, pero difícil de lograr, en especial cuando la competencia es tan grande. Que ojo: también es una opción. Incluso hay quienes se enmascaran para tenerla o descargarse en redes.

Pienso en esto a propósito de tanto escándalo vinculado con los provocadores que gustan de ir a lugares donde saben que los van a agredir por sus formas de ver el mundo y construyen un espectáculo del odio. Porque saben lo que hacen. Porque saben tomar ventaja del que está descuadrado, débil sicológicamente, entre tanto combate en la dopamina de pensar que por un comentario en Facebook está cambiando el mundo. Es una época de mareados y uno se pregunta ¿dónde está el sentido? ¿cómo poder enfrentarlos sin perder?

Yo me hago esa pregunta siempre y eso que trabajo en medios. Antes quienes lo hacíamos sabíamos que estábamos en un ambiente de circulación de ideas casi privilegiado: era un premio escribir en un diario. Hoy todos tienen su propio medio. Y encima los medios hacen cobertura de esos medios con “los comentarios en tan lugar sobre tal cosa hacen estallar tal medio social”, lo cual hace todo aún más carente de sentido.

Es como un festival de emociones cruzándose y lo difícil está en poner la pelota en el piso en un momento y darle un sentido. Un nuevo sentido.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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