Sobre los hombres del mundo

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza

La semana antepasada fui con mi hermana Samantha a ver a Radiohead. Samantha tiene 17 años y el mundo por delante. Muchas veces cuando somos adolescentes no nos damos cuenta que podemos ser lo que queramos. Es sólo cosa de sacarnos de encima las evaluaciones y comprender que nuestros ideales tienen el tiempo necesario para avanzar. Yo, que me estoy poniendo viejo, creo lo contrario: no hay mucha esperanza. Menos en los colectivos. Pero mi hermana es mujer, es joven y puede hacerlo. Puede gritar. Puede decir lo que siente y nadie tiene por qué juzgárselo.

En cambio, yo soy hombre, tengo cada día menos pelo y menos expectativas de lo que pueda pasar con respecto a mi generación. La única persona que da sentido a las cosas para mí, en lo personal, es mi pareja, María José. Me gusta su libertad, me gustan sus proyectos y su entusiasmo de las cosas. Me gusta cuando toma las riendas. Es más: me halaga cuando me reconocen en la calle porque tiene el podcast más escuchado de Chile según iTunes. Me hace sentir feliz, porque ella se comunica de una manera tan inteligente con la gente. A mí me cuesta más. Me gusta aprender de ella.

Las mujeres tienen una energía única que se ha manifestado en este último tiempo. Son ellas y la ciencia los motores del cambio real contra la estructura que ha dominado la conversación. El clasismo, el racismo, la falta de empatía, tienen la receta para modificarse más que del lado de nosotros, sus cultores, los machos, por el lado de ellas.

Sé que es medio complicado, porque hay hombres a los que les cuesta entender la maldad de otros hombres y que entren al saco, pero ¿saben? Mala noticia: es la hora de la justicia. Hay que dejarlas hablar. Los hombres a veces nos ponemos a la defensiva (lo he hablado con amigos) por estas cosas, porque muchos no somos simios. Pero el problema NO ES UNO. Y eso es clave: salir del ego. Entonces los invito a algo: vayan un día detrás de sus parejas caminando por la calle y vean los gestos de tipos a los que habría que encarcelar. Son peligrosos y se dice muy poco.

Tema es la educación. Fui a un colegio de hombres donde cuando llegaba una niña al patio la rodeaban como una tribu. Un colegio de curas, donde siempre el segundo lugar lo tenían “las minas”. Donde se idealizaba sólo a una: “la virgen”, que vendría a ser una proyección de lo puro. Una locura. Como que ganen un 30% menos sólo por ser mujeres. No tiene sentido, como darle épica al amor romántico: todo trata de ti ¿y la otra persona? Eso aprendí con el tiempo. Me costó mucho. También soy un tarado. Todos los hombres lo hemos sido. Hemos dicho cosas machistas, hemos sido tontos. Da mucha pena leer los testimonios. Da mucha vergüenza.

Hay que acompañar a las mujeres sin quitarles el foco. Hay que dejarlas avanzar. Hay que mirar, aprobar, acompañar. Hay que dejar el egoísmo y el protagonismo de lado en ésta. El mundo lo armamos nosotros y miren como está.

Hay que dejar de ser una mierda. Perdone el francés. Es un llamado para los hombres del mundo. Es difícil, no imposible. Ojalá podamos tomar conciencia. Aprender.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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