Migración y tasa de natalidad

Por Carmen Norambuena
  • Directora del Centro de Estudios Migratorios de la Universidad de Santiago

Uno de los datos más relevantes que nos ha entregado el censo 2017 es que las mujeres chilenas no tienen entre sus planes inmediatos ser madres. En los años sesenta, el promedio de hijos era de cinco por mujer. En tanto que el recuento censal reciente indica que el promedio de hijos, en el rango de edad fértil, es decir, entre 15 y 49 años, ha bajado de 1.6 en el censo del 2002 a 1.3 en 2017, siendo la tasa o cifra normal de reemplazo de 2.1 hijos por mujer.

Las razones son variadas, desde lo económico, de no poder mantener adecuadamente las necesidades que demandan sus hijos; por planes de otro tipo, como continuación de estudios y consecución de una profesión. En todo caso, el tema se transforma en un problema a futuro, puesto que estas tasas son difíciles de remontar. Frente a esta situación, algunos países han debido abrir sus puertas a la migración y otros han optado por dar incentivos económicos para que las mujeres opten por tener más hijos.

De ahí la relevancia para Chile de los flujos migratorios, pues estos pueden contribuir de manera significativa a la población de reemplazo. De hecho, en el país, el número de nacimientos de madres extranjeras ha aumentado notoriamente. Puede ser este hecho una razón más para favorecer las migraciones hacia nuestro país.

El último censo realizado en nuestro país ha entregado una población total de 17.574.003. De esta cifra, 8.601.989 (48,9%) son hombres y 8.972.014 (51,1%). En tanto que el número de nacidos en el extranjero que declararon residir habitualmente en Chile al momento del censo es de 746.465, es decir el 4,24 %. No obstante, cifras extraoficiales estiman que el número de extranjeros avecindado en el país sobrepasaría el millón.

El censo es un instrumento oficial que tiene por objetivo dar a conocer datos que son básicos en la caracterización de una población, como la edad, el sexo, el estado civil. Además de otros antecedentes considerados fundamentales para definir y calificar una población, como grado de instrucción, profesión, tipo de vivienda, opción religiosa, adscripción a una etnia determinada, etcétera. En Chile, la inclusión en los últimos censos, de estos y otros aspectos en la consulta, ha permitido obtener un volumen de datos de primera importancia para el desarrollo del país, tanto en lo social, como en lo económico y cultural.

Todo censo debe ser levantado sobre un área territorial perfectamente definida, pero debe poseer la característica de universalidad. Es decir, que comprenderá a toda la población, sin exclusión de ninguna persona o grupos de personas.

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