Google y las armas autónomas

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

La autonomía de las máquinas, robots si se prefiere, está a la orden del día. Día a día escuchamos de los avances del vehículo sin chofer y la presencia creciente de los drones. La semana pasada, sin gran publicidad, tuvo lugar un hecho trascendental. Google decidió terminar un contrato con el Pentágono. Ello, porque un puñado de sus empleados renunció a la empresa mientras otros firmaron peticiones para la cancelación del proyecto denominado Maven.

El temor de numerosos operadores de sistemas e intelectuales apunta a la incorporación de inteligencia artificial a sistemas de armamentos. En el caso de Maven, se busca mejorar la capacidad de reconocimiento de los drones. Por ejemplo, identificar el tipo de vehículos filmados así como otros objetos de relevancia bélica. Las cámaras de los aviones no tripulados, al igual que los drones, captan enormes volúmenes de imágenes que consumen muchas horas de revisión. Para aligerar el trabajo de los analistas, y ganar en los tiempos de respuesta, los militares pidieron la colaboración de Google, que cuenta con sistemas avanzados de reconocimiento visual.

Los firmantes de la petición para terminar con Maven escribieron a la dirección de la empresa: “Este contrato pone en riesgo la reputación de Google, pues está en directa oposición a sus valores centrales. Producir esta tecnología para ayudar al gobierno de Estados Unidos en la vigilancia militar -con resultados potencialmente letales- es inaceptable”.

Setecientos académicos, a su vez, respaldaron a los objetores de conciencia de Maven señalando, en una carta abierta, que el proyecto dejaría a los militares “a un paso de autorizar drones autónomos para matar en forma automática, sin supervisión humana relevante”.

El proyecto Maven es diminuto, 70 millones de dólares, si se considera que el Pentágono destinó 7.400 millones de dólares en 2017 a sus áreas relacionadas con la inteligencia artificial. Google declaró que terminaría el proyecto en junio del próximo año. No ha descartado, sin embargo, participar en investigaciones similares en el futuro.

Los temas éticos, sobre la cooperación de las plataformas que albergan las redes sociales y los servicios de inteligencia, ganaron notoriedad con las denuncias del ex agente Edward Snowden. Más recientemente, Cambridge Analytica y su cooperación con Facebook ha despertado suspicacias sobre este último servicio.

Hasta hace poco el eslogan de Google era más bien pesimista, pues rezaba: “Don’t be evil” (“No seas malvado”). Con la conversión de la empresa a Alphabet, el mega paraguas que contiene a Google y otras compañías de la misma matriz, el eslogan es más positivo: “Do the right thing” (“Haz lo correcto”). En su declaración de principios Google insta a sus empleados: Si ves algo que crees no está bien, ¡di algo!”.

En qué momento un programador o un científico tiene la obligación de protestar y negarse a trasgredir principios en los cuales cree. Uno de los objetores de conciencia estimó que Google alcanzó un punto de inflexión y escribió: “La hora de protestar es ahora o nunca”.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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