Trump es una distopía, y viene la nuestra

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Dice el diccionario que la distopía es lo opuesto a la utopía. Una sociedad indeseable en sí misma. Como “Black Mirror”. Como “Minority Report”. En las ficciones de cómic son las versiones malvadas de los héroes de siempre. Son cuentos.

Donald Trump es de cuento de horror. Alguna vez Salma Hayek se preguntó si era malvado o estúpido. Lo que ha sucedido esta semana con los niños y sus padres en la frontera mexicana ha confirmado la primera.

Lo que ha decantado la administración Trump tiene sólo parangón en las peores guerras. La idea de “mantener a raya” a los inmigrantes ilegales a través de una política de “tolerancia cero” está afectando a niños. Niños inocentes. Niños que no tienen la culpa de la decisión de sus padres. De los riesgos que estos corren. Trump dice que no quiere hacerlo, pero para poder poner orden, lo hacen.

“Yo no quiero niños separados de sus padres, pero cuando buscamos procesar a los padres por venir aquí ilegalmente, algo que se debe hacer, hay que separar a los niños”, declaró ante empresarios.

2.342 niños entre el 5 de Mayo y el 9 de junio han sido retirados de las manos de sus papás. Hasta los miembros de su propio partido están incómodos y divididos. 75 fiscales divulgaron una carta en la que piden que se termine con la práctica. Y lo peor: son instalaciones divididas en jaulas.

Estamos en un período oscuro de la historia. Es oficial: el gobierno más poderoso del mundo no siente vergüenza de sus prácticas y las grita su representante. El pudor se ha acabado. Y lo que temo en lo personal es que esto no sea sólo allá. Que sea en todos lados.

Esto también es culpa de una izquierda que se atomiza y no encuentra respuestas para los males de este tiempo. Sólo decir que la derecha (y esa derecha, la trumpista) es la mala es un error. Esa izquierda que se atomizó en la fundación de la gentrificación es también la que pone en peligro este mundo. La que no tiene cómo proponer o dedicarse a construir una respuesta, y sólo busca compartir en fuentes de soda ideas que ya fueron. Esa izquierda que gusta de pasarla bien pensando el país, pero en la hora de ir a buscar ese país no lo hace. Y eso pasó en Estados Unidos. La élite de lo correcto, que no conoce más allá de Twitter el mundo, por desgracia habilitó a estos agresivos que son capaces de hacer daño sin miedo alguno. Sin cruce. Sin competencia al discurso. Es verdad: Trump es lo peor que ha pasado, ¿pero qué tienen los demócratas ahí? Nada. La evaluación de Trump serán las elecciones “midterm”. Si eso le da, por favor, preparémonos para un escenario peor, porque ese tipo de política, la de la agresión, la infamia, la maldad, será exportada. Y aquí no lo notamos, pero también se está construyendo esa lógica, y lo ignoramos. Y nos reímos desde el progresismo. Y armamos reuniones y decimos “cómo va a pasar eso”. Y quizá pase. Ojalá no. Yo me pongo en el peor escenario siempre para sorprenderme. Y quiero sorprenderme. Pero no veo que haya algo para contrarrestar el paso del tour de nuestro Donald, con su pelo tan rubio y tan dispuesto a pasar todo por encima.

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