Niños migrantes, profesores chilenos

Por Carmen Norambuena
  • Directora del Centro de Estudios Migratorios de la Universidad de Santiago

En Chile, entre 2015 y 2018, la cantidad de alumnos extranjeros en la matrícula escolar casi se ha cuadriplicado, pasando de 30.625 a 113.585. Muchas veces se señala que no ha sido posible aplicar políticas educativas comunes y al unísono en todo el país. Sin embargo, estimo que la tarea la han cumplido con creces los profesores de las escuelas municipales que han debido atender salas de clases con estudiantes de diversa nacionalidad. Son ellos los que efectivamente han contribuido a la inserción de los escolares extranjeros, así como también han ayudado a que los alumnos chilenos amplíen su horizonte cultural, compartiendo aulas con otras tonalidades de voz y formas de comportamiento, que hacen de la diversidad y de la multiculturalidad el mejor ambiente para la formación de los ciudadanos del futuro.

Es corriente escuchar críticas respecto de la formación de profesores en el país. Sin embargo, en mi opinión, ésta cumple con estándares internacionales. Tanto así que, como nadie, los profesores han podido llevar a cabo una meritoria labor en salas de clases ubicadas en los ambientes más disímiles. En efecto, es del todo comprobable que en escuelas ubicadas en zonas fronterizas, o en pequeños poblados, como asimismo en escuelas urbanas de poblaciones económicamente vulnerables, los profesores han sido capaces de desarrollar los programas oficiales y las prácticas de inclusión, tanto frente a estudiantes de distinta nacionalidad, como a alumnos que se matriculan con competencias más bajas o menores que las que requiere el curso al cual ingresan y, más aún, frente a padres y apoderados que, muchas veces, son reacios a que sus hijos compartan el banco con un compañero extranjero.

No es fácil para un país con una geografía como la de Chile, con alta concentración de población en la Región Metropolitana, aplicar una normativa común. La existencia de escuelas y centros educacionales ubicados en los extremos del país o en zonas de baja conectividad dificultan enormemente la aplicación de proyectos, a veces muy bien concebidos, pero más bien aplicables en conglomerados educativos situados en medianas o grandes ciudades.

Es en ese escenario donde la labor del profesor debe ser reconocida, puesto que el país cuenta con una normativa clara respecto de niños migrantes y estudiantes extranjeros. Sin embargo, también se ha señalado que el gran desafío está en hacerla aplicable de manera generalizada en todo el sistema. Aplicable en el sentido de que efectivamente la sala de clases se transforme en un espacio interactivo, dinámico y diverso.

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