Prima Bar: el nuevo rock chileno es la comida

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Durante los últimos 15 años vimos una explosión del rock nacional. Una serie de bandas que se construyeron por vías paralelas a la radio, radiadas por el mp3, con un circuito propio de pequeños locales, estallaron logrando un movimiento local con voces que maduran y salen al mundo. Trabajos que son vistos en el mundo hispano y trasladados por Spotify a los rincones más distintos. El arte chileno, nuestra forma y estilo comentables a nivel mundial.

En medio de los cambios que vivimos como sociedad, que nos abren a muchos espacios para un tiempo libre diferente, experimental y sin repeticiones, lo más nuevo es la oleada de sorpresas gastronómicas que están apareciendo en la ciudad. Está sucediendo una explosión de la única experiencia difícil de imitar en la vida: probablemente podemos reemplazar los viajes por la realidad virtual, pero el sabor en la lengua, el sentido del gusto, no se puede emular.

Para eso, una buena portada es Prima Bar, en General Flores. En sus cercanías hay varios lugares singulares: el clásico y enorme Liguria Manuel Montt (que jamás te va a dejar mal) o el Insert Coin (un monumento a la maravilla nerd) donde pasarla bien está a la mano. Pero Prima Bar (hay que reservar) es distinto. De partida abre en trasnoche la cocina, que tiene unos detalles espectaculares, partiendo por la inspiración del nombre que es la materia prima. Los cocteles son combinables con propuestas de los chefs nacionales del momento: Watanabe, Bazan, Barroso. Prueben el arroz negro. Prueben el mouse de chocolate con centro de maracuyá. Tomen la sangría. Vayan a viajar con la reversión de la chorrillana. Es un hermoso muestrario de nuestra nueva cocina. Del gusto de ir a un bar y pedir un trago rico.

Tragos ricos hoy hay por montones en la ciudad. La coctelería chilena no tiene nada que envidiar a los bares del mundo. Mi favorito en el mundo, que es Florería Atlantico (un bar que está envuelto en el traje de una florería), no se extraña con Room 09. Ambientado en la época de la prohibición, su terraza increíble cerca del cerro San Cristóbal se abre luego de comer las maravillas del 040 de Barroso. Con tragos de fantasía (¡que incluyen helado de pisco sour!), el estilo del lugar combina a la perfección con la magia de sus vasos y propuestas. Es un lugar lleno de alquimistas.

Dar vueltas por la ciudad es cada día más agradable. El 7 negronis al lado del hermoso Restaurant Very Typical Kitsch, es una zona de viajes. Originales, distintos, los dos están pegados y expresan belleza y preocupación a la hora del detalle. También me gustó Marlon, que queda en las cercanías del Costanera Center y tiene unos mac and cheese propios fritos monumentales. La ciudad se está llenando de lugares así, con historias y construcción, con relato. Y tenemos la obligación de disfrutarlos y contarle al mundo que existen, porque esos productores de momentos están ahí, todos los días. Están dando una pelea espectacular. Todo el aguante para ellos.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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