La persistente marginalidad de la migración

Por Adriana Palomera
  • Coordinadora del Centro de Estudios Migratorios de la Universidad de Santiago de Chile

¿Hemos progresado como país en materia migratoria, mejorando las condiciones de vida de los extranjeros que llegan a Chile en busca de oportunidades? Si bien el tema de los migrantes es abordado contantemente en medios de opinión pública, todavía resulta un fenómeno complejo de dimensionar. Sin embargo, una de las conclusiones que sí se pueden establecer, es que tal como ha ocurrido en el pasado, existe un porcentaje significativo de migrantes que sigue viviendo en condiciones de marginalidad.

Hace poco más de un siglo, Chile y otros países del planeta vivieron procesos de industrialización que provocaron profundas transformaciones en la sociedad. Mientras la economía capitalista se instalaba con fuerza, la pobreza y la desigualdad en la que se encontraban sectores populares llevaron a definir esta problemática como la “cuestión social”, caracterizada muchas veces por el hacinamiento y las enfermedades. En ese momento, miles de inmigrantes formaron parte de esa población que también sufrió los embates del proceso.

En la actualidad, los inmigrantes de nuestro país que se han alejado del centro de las ciudades, han comenzado a densificar los sectores populares, cada vez más enfrentados a problemáticas socioeconómicas y de vida. Sin embargo, cuando se establecen en zonas céntricas y urbanas, tiende a incrementarse el hacinamiento y la precarización de la vivienda. Así, por abaratar los costos de alojamiento, terminan empeorando sus condiciones de habitabilidad, arrendando piezas en mal estado a personas inescrupulosas, lo que termina incrementando su vulnerabilidad social.

No hay duda de que Chile ha alcanzado un desarrollo mayor que otras naciones de América Latina, convirtiéndose en un destino cada vez más atractivo para la inmigración de cientos de latinoamericanos que buscan mejores oportunidades laborales. Sin embargo, pareciera ser que este éxito sólo se percibe por una parte específica de la población y no de manera transversal.

No se trata de determinismo, sino de llamar la atención sobre un contexto que sugiere una “nueva cuestión social”. La historia nos recuerda que, hace cien años, la mayoría de las autoridades competentes no quisieron ver la existencia de una marginalidad social evidente, manteniendo las malas condiciones de los sectores populares y, por lo mismo, de los inmigrantes que vivían allí. Hoy resulta urgente que las autoridades diseñen políticas públicas que contribuyan a resolver este crucial problema. Debemos hacerle frente y no repetir los errores del pasado.

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