Opinión

“My way”

  1. Obispo anglicano y ex capellán protestante de La Moneda

Hace un par años comenzó una costumbre en los funerales de cantar con sorprendente (y ahora, algo monótona) frecuencia la conocida canción de Sinatra “I did it my way” (“Lo hice a mi manera”). Sin duda, en cada funeral aún se piensa que es original la idea y fiel expresión de alguien que insistió en vivir la única vida que tenemos cada uno sobre este planeta, fiel a sus instintos, hábitos, forma de ser, carácter, decisiones o falta de ellas, en fin, “a la manera” de él o ella y sin que nadie ni nada haya alterado su caminar tan inmensamente leal a los dictámenes de su ego.

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Lo triste y patético de muchas de estas ceremonias de clausura y evaluación de dicha vida, es que a menudo lo que se está expresando entre líneas rezaría: “Bueno, sí, sabemos que dejó la embarrada con su familia, sus hijos, sus negocios… corazones quebrantados y heridos, situaciones económicas que aproblemaron a sus colegas, pero, bueno, los que fuimos sus verdaderos amigos más íntimos, los que levantábamos la copa con él, esto sí podemos rescatar, lo hizo todo ‘a su manera’, fue fiel a lo de él. ¡Braaavo! Eso sí podemos celebrar!”. Pero dan ganas de llorar más privadamente a causa del dolor que dejaron sus pisadas por esta tierra y, además, por él o ella al haber derrochado de tal manera su preciosa vida.

¿Qué alternativa existe? Mi esposa Hilary y yo estamos en vísperas de entrar a otro Fin de Semana de Encuentro Matrimonial, evento que efectivamente transforma las vivencias de matrimonios y familias. Siempre nos sorprende cómo en el espacio de sólo 48 horas, parejas que entraron odiándose, atragantadas de rabia y rencor, separadas, seguras de que “se les había acabado el amor”, salen enamoradas, comunicadas, libres para amarse apasionadamente una vez más.

¿Qué sucede? Se les enseña una nueva forma de apreciar la vida y lo que realmente lleva a una felicidad duradera. Amar es una decisión, dar es mejor que recibir, el “my way” se arrepiente, pide perdón y busca un caminar juntos construyendo con Jesús el matrimonio y la familia. Detrás de esta visión transformadora de pensar y comportarse está aquel que decidió amarnos a pesar de todo lo malo, cargar como basurero celestial nuestras basuras y triunfar resucitando sobre ellas para enseñarnos una manera diferente.

Jesús cambia todo radicalmente. Es exactamente lo opuesto a la cultura del “my way”. Es la cultura de “his way” (“a su manera”). Nos llama a una revolución copernicana donde el mundo deja de girar en torno a mi persona. Yo soy parte del universo que gira en torno a Él. “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?”.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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