Lo dijo el Padre Hurtado

Por Hugo Tagle
  • Sacerdote y columnista. Twitter: @hugotagle

Este sábado 18 se cumple un aniversario más de la partida al cielo del Padre Alberto Hurtado. Su pensamiento se encuentra plenamente vigente.

En relación a las cárceles, una columna de 1949 las describe con tristeza: "Nada más deprimente que el espectáculo de nuestra cárcel pública. Es un verdadero campo de concentración: en celdas estrechas, húmedas, malolientes, vegetan los reos aprendiendo nuevos vicios. Los que entraron en ella por haber cometido un delito salen titulados de ‘criminalistas’". Si bien la situación carcelaria ha mejorado bastante, aún está lejos de ser ese espacio en que se prepara a los internos para una justa reintegración social. Sigue siendo escuela de más delitos y vicios.

En relación a los niños abandonados, viviendo en hogares públicos, el Padre Hurtado describía la realidad de su extrema pobreza: “Bajo esos harapos y bajo esa capa de suciedad que los desfigura por completo se esconden cuerpos que pueden llegar a ser robustos y se esconden almas tan hermosas como un diamante. Hay en sus corazones un hambre inmensa de cariño, y quien llegue a ellos por la puerta del corazón puede adueñarse de sus almas. Tienen estos niños un deseo ardiente de ser respetados, deseo que hasta la fecha nunca han logrado ver satisfecho. De los 140 primeros adolescentes que se recogieron en el Hogar que funcionó el primer tiempo en López 535, sólo 4 no habían sido detenidos alguna vez por la policía, algunos habían sido detenidos más de 10 veces: otros más de 80 veces". La urgencia sigue siendo la misma que en tiempos del santo. Los niños postergados y marginados deben ser prioridad nacional.

El Padre Hurtado les habla también a los políticos: "La política tiene una función social. Y precisamente porque los políticos están más altamente colocados, porque tienen una labor directa, de ellos ha de venir al país un ejemplo de la moralidad privada y pública, de honradez, de sobriedad de vida, de trabajo, de consagración al bienestar nacional".

Y nos invita a un cambio de actitud de vida: "Nadie es tan rico que pueda prescindir de una sonrisa, ni tan pobre que no pueda darla. Es necesario que creemos un clima de alegría en torno nuestro. Nuestra sonrisa franca, acogedora, será también de un intenso valor para los demás".

Pero no hay cambio cultural y social sin un sentido sobrenatural de vida, sin un contacto estrecho con Cristo: "Solo se podrá ser guía de los demás en la medida en que uno mismo sea conducido por Cristo, en la medida en que reproduzca su modelo, o al menos tienda a él. Hasta que pueda decir: ya no soy yo el que vive en mí; ¡es Cristo! Si nosotros los cristianos conociéramos a Cristo y nos conociéramos a nosotros y con la fuerza del verdadero amor procuráramos asemejarnos algo a ese Cristo que es bondad y justicia, ¡cuánto mejor andaría el mundo!".

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