La generación Z

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

El día en que me sentí oficialmente viejo fue una vez que jugué “Minecraft” y no entendí qué hacer. Para poder comprenderlo, tuve que rememorar cuando jugaba legos. Ahí entendí que “Minecraft” es un juego que se construye, que a pesar de tener modo historia, lo divertido es hacerlo uno. También me di cuenta que ya no tenía el tiempo de ayer. Y que si mi vida era lineal, ya que había crecido esperando programas de televisión que estaban programados en un espacio de tiempo, o videojuegos que se tenían que terminar en la etapa final, ya el mundo no era así. El mundo es algoritmo (momento, producto) y es gigante y jugable.

La generación que comprende esto no es la mía. La mía se tomó en serio cambiar el mundo y aún piensa que la política tradicional puede llegar a ser una vía. De alguna forma, ése es el último videojuego por vencer. Pero la política siempre ha sido la misma desde Roma y establece roles y entidades, que incluso en nuestro tercer mundo son improbables de cambiar.

Pero esa misión, mezclada con la aparición de tecnologías de exhibición constante, es la época donde he crecido y donde mis pares se estan bancarizando y por tanto pasando a ser adultos. Con responsabilidades. Entre ellas, pagar cuotas para sobrevivir. Cuotas en dinero, que es la expresión en una sociedad como ésta de quién eres, dónde vives, dónde vas.

La generación que viene, lo veo en mi hermana pequeña, siempre es más libre que la anterior. Y en este caso parece que vienen con ese chip. En el celular pegados, disfrutando el tiempo. Yo creo que esa es la virtud de la generación Z. Como una canción de Trap, jugando con el ritmo como quieren y no como obedece la estructura. Los Z no necesitan romper paradigmas, quizá porque ya está todo en el suelo. Los Z quieren estar en su casa, porque es más seguro. Y salen y se ríen con el celular en la mano, porque están hablando siempre con sus amigos. Nosotros teníamos que ir donde ellos y luego rompimos las paredes. Los chicos de la generación Z, que tienen todo aquí, ahora disponible, no necesitan hacer tal esfuerzo.

¿Cómo será ese mundo? ¿Cómo poner una regla a quien no la conoce?

Es difícil, pero no imposible, porque parece que son mejores y más desprejuiciados. A nosotros aún nos quedaba la formación siniestra de los 80 en el formato de nuestros docentes. Aún nos obligaban a temer, a no experimentar, a no hablar tan fuerte. A nosotros se nos soltó el mundo más grandes. Antes igual usábamos la chaqueta y la corbata en las filas, que recordaban The Wall.

Ahora no: los chicos son más puros, de alguna manera. Tienen el mundo que desean. Y juegan títulos como “Fortnite” o “League of Legends” con los que quieren en el lugar de la humanidad que desean. Es probable que estos sean los que vean cómo el ser humano llega a Marte. Nosotros tal vez no. Lo importante es recibirlos, escucharlos, darles espacio. No repetir muchas veces lo que a los millennials nos pasó, que fue la desconfianza a lo nuevo.

Celebrar al Z es celebrar el futuro. Sin tanta pregunta, sin tanto prejuicio.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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