Actores que se lucen

Por Joel Poblete
  • Periodista especializado en cine, programador de Sanfic y comentarista en Radio Cooperativa.

A menudo, una película que no posee cualidades que la hagan destacar demasiado, se ve elevada a otras alturas gracias a las actuaciones de sus protagonistas. Por estos días la cartelera se renueva con dos ejemplos de esto. En "La esposa", el sueco Björn Runge parte de una premisa innegablemente atractiva: qué ocurre con la vida privada de un escritor cuando se entera que ha ganado el Nobel de Literatura. Sin embargo, en su puesta en escena y desarrollo argumental el largometraje se hace más convencional y predecible, y si merece ser recordado es particularmente por las interpretaciones de dos excelentes actores: Jonathan Pryce como el escritor y en especial la gran Glenn Close encarnando a la esposa, en un rol en el que pesan mucho los silencios, los gestos y miradas y por el cual podría lograr su séptima nominación al Oscar.

En "The Party", la inglesa Sally Potter ("Orlando") también parte de una idea llamativa: una mujer ha sido elegida ministra en el gobierno británico y organiza una velada para festejarlo con su círculo más cercano, pero la reunión no tardará en convertirse en un caos donde saldrán a la superficie verdades ocultas y recriminaciones. En sólo 70 minutos y filmada en blanco y negro, la película ofrece varios giros y sorpresas que mantendrán atento al público y sus alusiones a la sociedad contemporánea y a la realidad británica actual son lo suficientemente implacables y mordaces, pero el ritmo es irregular al pretender abordar todos los hilos a la vez y por momentos parece una obra de teatro filmada, y si se hace memorable es nuevamente por el talentoso grupo de actores reunido.

Y por otro lado, a siete años de su temprana partida, el incomparable y genial Raúl Ruiz sigue fascinando, ahora de manera póstuma, con "La telenovela errante", filmada a principios de los años 90 y que dos décadas después al fin pudo ser finalizada gracias al impulso de su viuda y fiel colaboradora, la montajista y cineasta Valeria Sarmiento. Desde su estreno mundial el año pasado en el Festival de Locarno, los críticos y el público han compartido su entusiasmo por este nuevo filme que no es propiamente un "eslabón perdido", sino en verdad representa una lúcida y valiosa continuidad en la filmografía ruiziana.

Con el humor inesperado y a menudo absurdo tan característico del autor, las viñetas que componen el largometraje no sólo permiten el lucimiento de un sólido elenco de actores locales sino además resaltan especialmente por una de las principales cualidades que siempre desarrolló Ruiz: la capacidad de reflejar tan bien a los chilenos (algo que no deja de sorprender considerando en la época que fue realizada), y además por la inteligencia de hacerlo en el marco de un medio tan popular y emblemático como las teleseries. En buena medida, aunque aquí no renuncia a los ecos intelectuales y los diálogos juguetones típicos del cineasta que a veces pueden parecer demasiado elaborados para las audiencias masivas, es probable que se trate de uno de los trabajos más accesibles y transversales de su carrera.

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