El ritual de La Haya

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Chile y Bolivia se preparan para recibir el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Ambas partes ignoran cual será el dictamen de los jueces. Ello no impide que los gobiernos de los dos países compitan en expresar total certeza sobre la solidez de su causa. Es una actitud que evoca los períodos electorales, en que cada candidato se proclama el anticipado vencedor. Pero más aún. Los asuntos relativos a la soberanía despiertan pasiones atávicas. El territorio nacional está investido de cierta sacralidad. Sobre su posesión, aunque sean zonas remotas y desconocidas, descansa la autoimagen de la nación. Cualquier pérdida es una afrenta y los responsables del desgarro, los gobernantes de turno durante el pleito, deben asumir las consecuencias.

Los mandatarios, abogados y expertos que, por años, han litigado, enfrentan la hora de la verdad. Para protegerse contra posibles recriminaciones recurren al consabido ritual de la unidad nacional. Tanto en La Paz como en Santiago son convocados los partidos políticos, ex presidentes y aqnteriores ministros de Relaciones Exteriores. Un conjunto de figuras variopintas, en nombre de los intereses superiores del Estado, dan su bendición a la estrategia de defensa de las posturas criollas. La unidad nacional es invocada como un requisito superior para conseguir los objetivos en La Haya. Así, ambos países proyectan un sólido frente político que, se presume, debería causar cierto impacto entre los jueces que preparan su veredicto. El más elemental sentido común, sin embargo, indica que el cierre de filas de partidos y dirigentes políticos nada tiene que ver con lo que ocurrirá en la CIJ. Poco y nada puede importarles a los magistrados los niveles de consenso entre los ciudadanos de uno u otro país.

El ritual unitario tampoco tiene que ver con la convicción de la justicia de la causa defendida. En todas las latitudes impera la consigna de que mi país, para bien o para mal, tiene la razón. La cohesión nacional es invocada para silenciar toda crítica por si algo sale mal. En todo caso un resultado realmente adverso es improbable para alguno de los países. Al igual que en las elecciones, no habrá perdedores. Sólo habrá explicaciones. Si Chile es conminado a dialogar se dirá que no fue un fallo ajustado a derecho, sino que es una más de las consabidas sentencias salomónicas, aquellas en las cuales se busca dar algo a cada parte. Si Bolivia no logra lo que busca, dirá que ya se da por pagada con el solo hecho que la Corte haya admitido su reclamación, que Chile daba por desechada. Así, La Paz contó con una potente caja de resonancia que le permitió presentar sus reclamaciones a nivel mundial. Además, según el presidente Evo Morales, no fue más que un primer paso, pues adelantó desde un comienzo que “si en esta demanda no fuera bien, ni se imaginan ustedes que tenemos planes mucho más interesantes que esta primera etapa de batalla legal en la comunidad internacional”.

Chile, a su vez, se tornará más reacio a toda negociación señalando que no establecerá precedentes que, más tarde bajo el concepto de derechos expectaticios, puedan ser utilizados en su contra. Pero antes que especular, conviene esperar el inminente fallo de la CIJ.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo