Suscripciones digitales: lo bueno, lo malo, lo feo

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza

Una de las cosas más singulares de este momento es que casi no somos dueños de nuestras cosas. Las arrendamos. Un ejemplo: Uber. Nos arriendan un auto y una persona que nos lleva que gana dinero a costa de mucha gente con comparte ese servicio. Así pasa con las bibliotecas de contenido. En un momento de la historia, ir a una casa y ver la colección de libros, discos o películas de alguien te permitía definirla. Hoy no es así. Nadie transporta música, más que por su celular, vuelta archivo. Cuando era más chico, era Napster. Ahora es Spotify.

Esto lo parto con una historia sobre este último servicio. Soy un activo usuario, a tal punto que construyo listas por lugares (casa), momentos de la semana (finde) o estados anímicos. He llegado a la locura de programar horarios. O momentos de la vida. Como una banda sonora enorme.

Me gusta Spotify, porque tiene un mecanismo de inteligencia artificial maravilloso llamado “My Daily Mix”, donde se configuran listas que mezclan sonidos que acostumbro a buscar con nuevas propuestas basadas en esos sonidos.

Perfecto. Hasta que un día, alguien desde Francia se tomó mi cuenta. Nunca supe cómo lo lograron. Pero en horarios donde yo no estaba, un francés adicto al rap francófono empezó a desconfigurar mis propias selecciones. Y “Daily Mix” se confundió.

Así empezaron a aparecer selecciones rarísimas. Y decidí comunicarme con Spotify para corregirlo.

La sorpresa fue gigante: tuvieron que borrar mi cuenta anterior, mover mis seguidores, mover mis listas. Todo porque “Daily Mix” no se configura otra vez. La inteligencia artificial no puede volver a aprender. No puede rechazar.

Problemas del futuro.

Como el de elegir qué servicio pagar. Spotify vale la pena: 3.400 pesos para saltar todos los comerciales. Y poder recibir música personalizada. A menos que un francés te tome la cuenta.

¿Qué pasa con los servicios de streaming? Netflix es muy bueno. Es indudable que además una de sus magias es ofrecerte contenido personalizado y jugar con el algoritmo de las coincidencias. Ya a estas alturas es indispensable para las conversaciones. El modo HD es para gente con televisores grandes y el poder descargar el contenido al móvil es un must para viajes. Que vale la pena pagarlo y quedarse, vale la pena.

Con HBO GO es más dificil. Yo amo HBO, sus series, su contenido de primera calidad. Me devoré “The Leftovers” y mantengo la suscripción en cable al pack de canales. Pero con GO me pasa que quiero encontrarle un sentido a su biblioteca que es tan rica (con series como “The Wire”) y es un desafío encontrarle el contenido. Es incómodo. Le falta amabilidad.

En el caso del servicio online de Nintendo Switch es al contrario: no le defiende, por ahora la biblioteca. Faltan títulos. La promesa de jugarlo con tus amigos no basta. Es rico saber que puedes llevar clásicos por todos lados. Lo que se adelanta es mejor que lo que ofrece hoy.

Al final, lo triste, es que de nada y de todo eres dueño. Por un módico precio, eterno.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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