Internet no nos liberó

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza

Yo era un optimista digital. Yo viví la primera revolución donde pensábamos que el mundo iba a ser libre. Me enamoré de las redes sociales y vi las posibilidades de un mundo lleno de oportunidades para esparcir la democracia y derrotar a los regímenes autoritarios.

La realidad nos ha dado una gran patada, a propósito de Bolsonaro, Duterte y Trump. La gente era peor de lo que pensábamos en muchos casos y no tenía las elevadas preocupaciones de ciertos nichos culturalmente con más tendencia a lecturas e ideas diversas. Fuimos ciegos. En muchas partes del mundo, un simple like puede terminar con un arresto.

La radio ayudó a bajar el muro de Berlín, ¿se acuerdan? Y también nos ayudó a escuchar lo que pasaba realmente en Chile, cuando caía una oscura dictadura. “Aquí Radio Moscú” con su “Despierta Chile”, por ejemplo. Las ondas nos sacaban. Pero internet, a pesar de ser libre, a veces no libera, incluso distorsiona a través de algoritmos. ¿El motivo? ¡Es fácil de manipular! Y por eso es bien compatible su lógica con la de los regímenes de información. A tal punto que permiten la propaganda de esos valores. Ideas nacionalistas o xenofóbicas reciben espacio para ser esparcidas por las redes. ¡Les dan coraje! Y los que la creen arman su propia épica de persecución (hola bots) que afortunadamente, aún, no pasan al mundo real. Pero, ¿que pasará cuando los educados bajo ideas extremas como “capitalismo revolucionario” (busquen a Sebastián Izquierdo en YouTube y encontrarán algo peligrosamente alucinante) encuentren el momento de ser adultos y creer en algo?

Bueno, esa gente es probable que tenga de “aliada” a las redes para espiarlos, opinar sobre ellos, saber dónde trabajan, guardar sus mensajes y otros.

Será quizá la herramienta del perro guardián. Y lo peor de todo es que un “me gusta” que se quede será usado para ello.

Es que la gente intolerante puede organizarse a sí misma gracias a estas herramientas. Se pueden juntar los fans de Fortnite en una convención, ¿cómo no se van a acercar los tipos que odian a las mujeres? Busquen MGTOW Chile y se van a alucinar con especímenes que realmente no pasarían ningún test de normalidad sicológica. La internet moderna es fácilmente censurable por lo demás y geolocalizable. Y se puede usar para esparcir propaganda. Un caso: en Venezuela Facebook y Twitter no sólo son usado por los críticos del gobierno, sino también por el gobierno mismo.

Por lo demás, también muchas veces es un simulacro. Una participación en una firmatón online ¿reemplaza al Congreso? Es un tema sicológico. Pasa a ser una acción dopamínica. Internet mata nuestra responsabilidad cívica en reemplazo de hacernos “sentir bien”.

Internet ha quebrado nuestra realidad. Ha cambiado nuestros trabajos y ha precarizado nuestros talentos y ritmos. Internet no nos liberó y fue más inteligente que nosotros. Nos ha empezado a utilizar para poder separarnos más que unirnos. Porque así somos una audiencia dispuesta a recibir publicidades. Y no pensamos. No dudamos. Sólo consumimos. Nos volvemos algoritmo.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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