Ley de Mortinatos: una deuda pendiente

Por Hernán Larraín
  • Ministro de Justicia y Derechos Humanos

Es difícil imaginar un dolor más profundo y desgarrador para un ser humano que la pérdida de un hijo. Los padres nunca estamos preparados para ello y siempre asumimos que quienes deben partir primero somos nosotros. Sin embargo, esto no siempre ocurre así.

El dolor asociado a la muerte de un hijo adquiere una dimensión especial cuando ese hijo ni siquiera ha alcanzado a conocer el mundo en el que está llamado a desarrollarse. Esto es, cuando muere en el vientre materno. En esos casos, los progenitores comienzan a vivir su duelo con una enorme frustración, la que se ve dificultada -en la práctica- por una serie de situaciones problemáticas vinculadas a una legislación precaria e insuficiente en esta materia.

Efectivamente, la débil y frágil normativa existente, impide a los progenitores sepultar a su hijo bajo un nombre propio, si así lo quisieran. Para sus padres, y también para la sociedad, resulta evidente que ese hijo no fue un “NN”, sino más bien un ser fallecido, proveniente de personas concretas, de carne y hueso. No reconocer esto, produce serios impactos en la salud mental de los padres, existiendo estudios que revelan un importante número de casos de depresión, estrés postraumático y síntomas de depresión en el siguiente embarazo.

La situación anteriormente descrita ha incentivado al gobierno del Presidente Sebastián Piñera a presentar ante el Congreso Nacional un proyecto de ley, que cuenta con apoyo transversal desde 2007, cuyo único propósito es crear un Catastro Voluntario de Mortinatos (niños muertos antes de nacer), permitiendo otorgarles un nombre y simplificando el proceso de sepultación, a fin de facilitar la vivencia del duelo. En efecto, los progenitores, en estos casos tan dramáticos, requieren de espacios para el recuerdo y la preservación de la memoria de ese ser tan querido, espacios que este proyecto de ley busca respetar.

Esta iniciativa, redactada en conjunto con asociaciones de padres que han pasado por el doloroso trance de perder a un hijo antes de nacer, no modifica el Código Civil ni cambia el concepto de persona, ni menos busca atribuir al hijo mortinato atributos de la personalidad. No pretende, tampoco, modificar el momento en que una persona llega a existir. Simplemente busca dar reconocimiento al íntimo proceso de duelo de los progenitores y sus familias, permitiéndoles asumir su dolor de la manera más humana posible. Países como Alemania, España y Paraguay ya han dado este paso.

Poder vivir dignamente el duelo que ocasiona la muerte de un hijo, constituye un derecho humano incuestionable para sus progenitores. Es por ello que, como Gobierno, esperamos que el Congreso Nacional reconozca ese derecho esencial de todos los padres cuyos hijos han fallecido antes de nacer, y apruebe este proyecto de ley.

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