Un remake que no desentona

Por Joel Poblete
  • Periodista especializado en cine, programador de Sanfic y comentarista en Radio Cooperativa.

Sin dudas, "Nace una estrella" era una de las grandes incógnitas de la actual temporada fílmica. Y un desafío no menor para su principal impulsor: Bradley Cooper, uno de los actores estadounidenses que se ha convertido en estrella a lo largo de la última década, incluyendo tres nominaciones al Oscar. Pero ahora su apuesta no era menor: no sólo estaría delante de las cámaras sino además debutaba como cineasta (labor que en algún momento iba a asumir Clint Eastwood), compartiendo la pantalla con la popular Lady Gaga en su primer rol protagónico en cine, y por si fuera poco en un nuevo remake de un clásico que ya contaba con tres versiones previas.

La ya conocida historia apela a los sentimientos y emociones del público más allá del paso del tiempo y las modas, y eso explica que aún hoy sea válida. El primer filme, de 1937, con dos prestigiosos actores como Janet Gaynor y Fredric March, transcurría precisamente en el mundo del cine, pero las siguientes versiones siempre se han centrado en el ámbito musical: la de 1954, del gran George Cukor, y con dos memorables y conmovedoras interpretaciones de Judy Garland y James Mason, es habitualmente considerada la más lograda, mientras la siguiente, de 1976 con Barbra Streisand y Kris Kristofferson, es tradicionalmente la más vilipendiada, si bien nos dejó una canción tan bella como "Evergreen".

¿Y está a la altura de ese legado y las expectativas la propuesta de Cooper? Según los desmesuradamente entusiastas elogios de la crítica internacional desde su estreno mundial en el pasado Festival de Venecia, sí. Y no se puede negar que el actor y ahora realizador entrega un trabajo muy atractivo: hay una lograda química entre él y Gaga, los números musicales están filmados con un sólido despliegue visual y sonoro (la impecable fotografía de Matthew Libatique, habitual en la filmografía de Darren Aronofsky, es uno de los mayores aciertos), y es más que probable que las audiencias se conecten y emocionen sin mayor resistencia, por muy conocido que ya sea este argumento.

Por supuesto no es sorpresa que Gaga se luzca cantando, pero sí es innegable que consigue abordar muy bien su personaje en lo actoral, haciéndolo real y humano tanto en sus actuaciones en el escenario como en su cotidianidad; sin embargo, aunque la protagonista debería ser ella, Cooper como director, actor y co-guionista asume el peso dramático del largometraje, lo que por un lado podría ser visto como un derroche de ego, pero también es una buena muestra de sus capacidades artísticas.

Sin embargo, no se puede soslayar que la primera parte de la película es mucho más fluida y cautivadora que la más apresurada, convencional y algo confusa segunda mitad. Y también tanta alabanza y el entusiasmo de quienes predicen nominaciones al Oscar como mejor película, actor y actriz -las que de todos modos son bastante probables- pueden provocar que más de un espectador la encuentre sobrevalorada, pero es casi indiscutible que este remake no sólo no desentona, sino además es más que correcto, efectivo y digno.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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