Eterna juventud

Por Hugo Tagle
  • Sacerdote y columnista. Twitter: @hugotagle

La discusión en torno a las pensiones me hizo recordar una crónica sobre un nuevo concepto acuñado hace un tiempo, relacionado a las nuevas generaciones: los perennials. Viene del término “perenne”, vale decir, aquellos que se mantienen siempre vigentes, gracias a una constante renovación y adaptación. Se trata de aquellas personas que no corresponden a los reconocidos millennials, pero que de todas formas siempre se encuentran en búsqueda de nuevos desafíos, que son conscientes de lo que ocurre en el mundo, que se mantienen al día con los avances tecnológicos y que son capaces de tener amigos o colegas de trabajo de todas las edades. No importa la edad, mientras se mantenga vigente. Es el desafío para los mayores en Chile. Y el mundo entero.

El desafío en los próximos años será mantenerse siempre “up to date”, al día, vigente, curioso ante las novedades, abierto a los cambios, buscando adaptarse a las nuevas situaciones y no que éstas se adapten a uno. No se trata de tener el último celular o aplicación, ni de vestirse a la moda. Se trata de cultivar una sana curiosidad que mantenga viva el alma. Vivimos más. Llegamos algo más sanos a la tercera edad. Hoy, abundan los “ochenteros”. Los 70 son los nuevos 60.

Se discute incluso aplazar la edad de jubilación. Como sea, debemos encontrar más ocupaciones para una vejez cada vez más larga.

Aumentará el trabajo, pero no los empleos. Hay que hacerse a la idea de que debemos desarrollar un fuerte apetito por experimentar nuevas cosas, aventurarnos a nuevos proyectos. La desidia y pasividad es la muerte.

Envejecemos más tarde. Vivimos más. La edad cronológica empieza a ser algo secundario. Se puede emprender una nueva aventura profesional, laboral, en la vejez. El alma no envejece. Y es sabido que, mantenerse activo y curioso, repercute en la salud general. Hay más adultos mayores que se involucran más, apasionados, compasivos, creativos, colaborativos, de mentalidad global e inclusiva. La edad, poco a poco, va siendo lo de menos.

Se dice que la experiencia constituye grado. En efecto, si se emplea bien, sin imponer, es un gran servicio. Los mayores pueden ser la voz de muchas injusticias y abusos a nivel laboral, así como actuar de mediadores para templar los ánimos. Es lo que se espera de ellos. Una cierta templanza, mirada reposada ante la vida, buscando ser centro conciliador y sereno.

Pasada una cierta edad, se debe recurrir a la experiencia acumulada en años, tanto de los logros así como de los fracasos. “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. En un país algo adolescente como es Chile, en que pareciera que vivimos reinventando la rueda, borrando de un plumazo lo que han hecho las generaciones anteriores, bien haríamos en valorar más la experiencia de los mayores, aprovechar su sabiduría. Todos llegaremos a viejos. Súmese a los perennials. Mantener el alma joven es el mejor servicio a la sociedad y una forma de seguir contribuyendo a ella.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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