Perspectiva

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

La semana pasada, en un liceo de Independencia los alumnos propusieron no leer a Pedro Lemebel por encontrarlo “asqueroso”. Todos están corriendo en círculos y la verdad, esos chicos no saben lo que se están haciendo. El daño de negarse a leer un libro, partiendo, que podría sacarlos de la triste (sí, muchachos, sin compasión por favor: es un mundo medio triste el de esos cabros) dimensión en que viven intelectualmente.

Seguramente sus padres también son asilvestrados como ellos. Y no es necesario compadecerse de eso. En segundo lugar, que son la carne de cañón perfecta para pasar a ser parte del peor pecado de esta epoca: la irrelevancia. Cuando un chico se niega a leer, le pasa por encima la inteligencia que no tienen y, encima, ahora puede ser artificial. Y en tercer lugar la vida, amigos, no es lo que te gusta. En general uno hace un montón de cosas que no le gustan. Entonces, ellos celebran no hacer eso. La vida se va a encargar de montarles la fiesta y quedar para la vergüenza, porque al final, Lemebel queda y esta gentecilla pasa.

Esta semana, a 70 años de la declaración de derechos humanos, el gobierno decidió no firmar el Pacto Migratorio de la ONU. El martes interpelaron a Chadwick. Durante el proceso, el diputado Urrutia (UDI) se burló de la diputada Nuyado en su condición de mapuche, quien al expresarse en mapudugun dio a entender sus ideas más cerca que cualquiera en el tema Catrillanca. Urrutia sostuvo que “estaba hablando en inglés”, para hacerse el gracioso. El diputado Villegas, de la DC, dijo que se estimaba demasiado como para dormir en hostales, la semana pasada. Y el diputado RN Leonidas Romero, evangélico, sostuvo que “los migrantes, en su mayoria, vienen con su enfermedad”, a propósito del brote de VIH.

Así estamos. Se desataron. Esto iba a pasar. Iban a perder el miedo. Iban a perder la vergüenza. Años de “poner la otra mejilla”, ahora tienen su resultado: los odiosos saben que no pasa nada. Que no tiene costo el disparo por el respeto al otro. Se acabaron esos tiempos de aprender del otro: ahora hay miedo, precarización, hay falta de trabajo, de dinero. Los hombres a los que criaron para eso, se encuentran quebrados. Y están heridos como animales salvajes.

Un consejo en estos tiempos: hay que salir de todo debate con el que está quebrado. Es como ir a buscar alimentar su odio: no termina bien. Quizá te vas a sentir arriba hoy, pero mañana te la cobran y se organizan y encima, en este estado de persecusión, te van a exponer a ello. Te van a exponer porque parece que opinar y ser distinto es estar listo para que te pongan en la cabeza el cono de la vergüenza. Porque cuando la gente ve odio, se suma y no se cuestiona nada.

Por eso, la primera invitación en estos tiempos feos, distópicos, es alejarse de todo debate con quien se manifieste desde el odio y lo fijo, porque no lo vas a sacar de sus filtros, porque no vale la pena estar en esa vibra. Porque si uno escucha todas las voces en una calle llena de gente no puede hacer caso. Hay que mirar todo un poquito desde arriba. Perspectiva es lo que falta en los tiempos en que todos quieren embarrar tu traje.

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