Una nueva especie

Por Andrés Pérez
  • Director de Continuidad de Estudios y Técnico Profesional de Fundación Belén Educa

“¿Qué especie queremos ser?”. Es la interrogante que planteó recién el Octavo Congreso del Futuro, evento impulsado en 2011 por la Comisión Desafíos del Futuro del Senado en conjunto con la Academia Chilena de Ciencias y el Gobierno.

Como el mundo está cambiando vertiginosamente, urge preguntarse cómo nos adaptaremos a esta nueva realidad científica y tecnológica, donde se predice que más del 60% de los empleos que hoy conocemos no existirán el 2035. Este nuevo modelo de sociedad que ya está emergiendo necesita de personas capacitadas para manejar la incertidumbre y los desafíos que trae consigo la modernidad y automatización de procesos.

Ya el año 2005, la Unesco junto a otras organizaciones vinculadas al mundo económico y tecnológico, ponía sobre la mesa este tema y se adelantaba en definir aquellas habilidades que el mundo del trabajo requeriría para enfrentar este nuevo siglo: la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración y la comunicación, como ejes centrales.

El sistema educativo no puede quedar ajeno a esta discusión, más bien tiene que ser el que la lidere. Valdría entonces preguntarse si bajo las metodologías de enseñanza tradicionales se permite desarrollar al ciudadano del futuro. La respuesta más sensata sería que no, pues no logramos aún poner al centro al estudiante como un aprendiz autónomo, donde el docente cumple un rol de mediador más que de portador de esos conocimientos.

Pero mientras nuestro sistema avanza en esta línea, las familias pueden cumplir un rol fundamental en apoyar el desarrollo de estas habilidades, aprovechando sobre todo este tiempo de vacaciones donde se dan más espacios de interacción. Por ejemplo, puede ser muy importante dar tiempo al ocio y aburrimiento, pues esto obliga a activar mecanismos de búsqueda originales y novedosos para salir de ese estado.

Otro punto es establecer conversaciones desde el mundo de las preguntas más que desde las certezas, a modo de incentivar la reflexión profunda, el análisis de información sobre un tema y el desarrollo de ideas novedosas.

Porque incentivar la argumentación y el desarrollo de ideas en conversaciones cotidianas son simples pasos que podemos tener en cuenta, con tal de ir preparando a nuestros hijos como ciudadanos activos para que puedan decidir, de manera creativa, informada y consensuada, cuál es el tipo de especie que quieren ser en un futuro aún más lejano.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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