Lecturas veraniegas

Por Hugo Tagle
  • Sacerdote y columnista. Twitter: @hugotagle

La agenda pública nos inunda con noticias urgentes. Pero quiero darme un respiro y dárselo a usted también, buen amigo. Vamos a otros temas. Se nos viene febrero. Ideal para lecturas. ¿Cuántos libros leyó el año pasado? Si leyó uno, está dentro del 50% que leyó al menos un libro. Si leyó dos o más, pasa a formar parte de ese modesto 25% de chilenos "lectores" (aunque hay que aclarar de inmediato que no tiene nada de muy meritorio). Y si leyó tres o más libros, pasa a ser parte de ese selecto 10% de chilenos que son algo más lectores. Casi la mitad de los chilenos no leyó ningún libro el año pasado. Y la cifra se salva por las lecturas obligatorias de los colegios, que permiten que este porcentaje no se dispare. La lectura libre, voluntaria, no es nuestro fuerte. El verano caluroso, y concretamente febrero, en que muchos se pueden tomar unas merecidas vacaciones, permite ponerse al día, tomar un buen libro y contribuir de paso a bajar el analfabetismo cultural que nos distingue. Un país lector es un país más culto, más tolerante, menos ansioso, más pacífico y educado. Si el hábito de la lectura estuviera más enraizado en la población, muchos problemas que nos aquejan como sociedad desaparecerían.

Aprovecho aquí a felicitar a la red de bibliotecas públicas del Mineduc, que ha ido creciendo, prestando un gran servicio a las comunidades locales. Muchas municipalidades han hecho un gran esfuerzo manteniendo también un sinnúmero de bibliotecas. La Universidad Católica inició algunos años un programa, "Biblioteca escolar Futuro", al servicio de los colegios de mayor vulnerabilidad social, pero a su vez abierta a las comunidades aledañas.

Un pueblo lector es fruto de familias lectoras. Humberto Maturana, Premio Nacional de Ciencias, acuñó una buena frase que sirve para este efecto: "Los niños, niñas y jóvenes se van a transformar con nosotros, con los mayores, con los que conviven, según sea esa convivencia. El futuro de la humanidad no son los niños, somos los mayores con los que se transforman en la convivencia”. En efecto, observando, mirando, se aprende.

Como todo buen hábito, los niños lectores vienen de familias lectoras. Si se viera a más adultos, padres y madres, con un libro en la mano, Chile sería un mejor país. ¿Cómo mejorar los índices de lectura? Aproveche las bibliotecas municipales. Intercambie libros. Converse de libros. Pregunte a sus hijos, amigos, vecinos qué están leyendo. Les dejará la inquietud y, le aseguro, la próxima vez que les pregunte ¡estarán leyendo uno! Lea en todas partes: Metro, sala de espera, playa, estación. Deje el celular y embárquese en un libro.

Por último, la lectura es camino de encuentro con uno mismo y con Dios. Para un cristiano, libro de cabecera es la sagrada escritura, siempre vigente y fuente de inspiración. Reposo para el alma. Modera la ansiedad, nos vuelve más reflexivos, tolerantes y pacientes. Que no termine febrero sin haber leído un buen libro. Lo acompañará todo el resto del año.

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