Del terror a la sutileza

Por Joel Poblete
  • Periodista especializado en cine, programador de Sanfic y comentarista en Radio Cooperativa.

Como suele ocurrir todos los años, tras varias semanas con estrenos contundentes o al menos atractivos, la cartelera en los días posteriores a la entrega del Oscar no ofrece una renovación muy significativa. Entre lo que llega desde este jueves, figuran dos apuestas de terror muy distintas entre sí. De partida, "Maligno", tercer largometraje del director Nicholas McCarthy, recurre a uno de los temas del género que siempre suelen causar impacto: los niños poseídos por algún espíritu maligno. Aunque distintos elementos podrían recordar a otras producciones similares, McCarthy sabe mantener la tensión y el interés del espectador, asustando sin recurrir a los excesivos golpes bajos de otros colegas y aprovechando las buenas actuaciones de su elenco, que incluye a Taylor Schilling (de la serie "Orange is the New Black") y a Jackson Robert Scott (el mismo niño que hace dos años vimos encontrarse con el payaso Pennywise en el icónico inicio de la exitosa versión fílmica de "It"), ambos muy sólidos encarnando a la angustiada madre y al perturbador protagonista.

Por otro lado, desde Alemania tenemos "El manicomio", una propuesta mucho más convencional, dirigida por Michael David Pate, que parte de una premisa habitual en muchos de estos filmes: un grupo de jóvenes que deben permanecer juntos en un lugar tenebroso y posiblemente embrujado, en este caso un siniestro recinto médico en las afueras de Berlín. Lo que le da un toque más contemporáneo, es que sus protagonistas son exitosos "youtubers", millennials más preocupados de su número de seguidores que de tomar precauciones para evitar problemas. El punto de partida es dinámico y entretenido, y aunque por el camino no tarda en hacerse más cliché y predecible, y no asusta demasiado, se las arregla para seguir dando una vuelta de tuerca a las posibilidades visuales y argumentales que hace ya dos décadas presentó "El proyecto de la bruja de Blair".

Pero para quienes busquen un cine a otra escala, con una propuesta más íntima y en clave menor, esta semana también llega a algunos cines "El repostero de Berlín", ópera prima del director israelí Ofir Raul Graizer. Una historia de amor secreto y oculto entre dos hombres, uno de ellos casado y con un hijo, que desemboca en una exploración en los afectos y tradiciones que revelan los contrastes entre alemanes e israelíes. Elegido por Israel como su representante al Oscar a la mejor película extranjera -aunque al final no fue nominado-, este relato pudo ser un melodrama cursi y al borde de lo telenovelesco, pero Graizer consigue desarrollar una conmovedora sutileza y capacidad de observación en la forma en que captura las relaciones entre los personajes y las tensiones que se transmiten a la audiencia, muy bien reflejadas por sus actores a través de gestos, miradas y silencios. Pese a que ya hemos visto antes historias como ésta, no siempre consiguen la atmósfera, los alcances emotivos, el retrato de una sociedad y cultura que se vislumbra a partir del dilema de sus protagonistas, que sí alcanza esta película.

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