Venezuela y las líneas rojas

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Los gobiernos y los militares invierten mucho tiempo y esfuerzo en trazar imaginarias líneas rojas. Éste es un ejercicio que consiste en advertir a potenciales enemigos que si las cruzan pagarán un precio. La muestra de seriedad de una autoridad es contar con los medios para castigar a un eventual transgresor.

El presidente Donald Trump trazó una línea roja en Miami el lunes 18 de febrero. Entonces dio un ultimátum a las fuerzas armadas venezolanas: debían abandonar al gobierno de Nicolás Maduro o lo perderían todo. También les tendió una mano: “No pueden rehuir la opción que los enfrenta. Ustedes pueden optar por aceptar la generosa oferta de amnistía del presidente Guaidó, para vivir sus vidas en paz con sus familias y compatriotas”.

El día D fue el sábado 23. Juan Guaidó, el autoproclamado presidente encargado, llamó a los militares y a la policía bolivariana para que permitiesen el paso de ayuda humanitaria a través de varios puntos de la frontera de su país. Era el momento indicado para mostrarle al mundo que los uniformados acataban su autoridad. Se creó la expectativa de que Washington y Guaidó tenían un as bajo la manga. Cabía esperar alguna señal de ciertas unidades militares que cambiaban de mando. Ello no ocurrió. Un par de cientos de soldados y oficiales abandonaron las filas en forma individual para buscar refugio en Colombia. Podrían ser más, pero los que estaban lejos de la frontera no podían rebelarse. Lo llamativo, en todo caso, es que ninguna unidad aceptó la oferta de amnistía por cruzar la línea. Cabe suponer que la gran mayoría de los militares están dispuestos “a perderlo todo”.

Es claro que el intento de ingreso de la caravana tenía dos objetivos. Uno, el brindar la muy requerida y deseada ayuda a un pueblo privado de insumos vitales. Dos, y principal, formaba parte de una operación política para presionar a las fuerzas armadas. En las redes sociales afines a Guaidó se expresó la esperanza de un quiebre masivo de la disciplina. Era lo que había exigido Trump a través de su ultimátum.

Cientos de miles de uniformados desafiaron la línea roja que se les trazó. Así, quienes los amenazaron han perdido credibilidad. Más aún, el propio Guaidó empleó un manido eufemismo para aludir al uso de la fuerza: todas las cartas están sobre la mesa. Algo que, a su vez, Trump ha reiterado. La idea de una intervención militar fue rechazada por los países que integran el Grupo de Lima, así como por la Unión Europea.

La oposición, encabezada por Guaidó, buscó mostrar la debilidad del régimen, pero en el intento expuso su incapacidad para alcanzar sus objetivos. Maduro, en tanto, nada tiene para festejar. El incremento de sanciones y el aislamiento prometen un futuro de privaciones.

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