El odio es triste

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Detrás de toda expresión de odio hay soledad y deseo. Un mundo que vive sin amor. Odiar es querer sin respuesta. Es buscar una falsa superioridad porque tu forma de ver el mundo es fracasada. Fallaste cuando tus sentimientos son impulsados por el odio. Odiar es suscribirse a una mala sensación, como seguir a alguien en Twitter que te cae mal. Es, al final, voluntario. Tú puedes optar por muchas sensaciones, entre ellas la indiferencia. Pero el odio es extraño, porque se confunde con inteligencia. Como un poder sin poder.

Pienso esta semana en las actividades del movimiento feminista. Están pidiendo algo muy legítimo: igualdad de oportunidades, partiendo. Lo raro es ver las reacciones destempladas de los hombres, que se ofenden y se enojan. Una de las razones más comunes de esa reacción tiene que ver con que no los invitan a ser parte. Eso los vuelve locos y capaces de hacer tonterías. Veo gente desesperada porque no la invitan a una reunión, es de un nivel de ansiedad social desolador. Es básicamente fijación y enojo por que no te inviten a la fiesta. Infantil y triste.

Un ejemplo: la intervención del Metro. Las chicas hicieron un trazado de nuevos nombres en relación a mujeres en la historia. Ok. ¿Qué reacción hubo? Un partido en formación cuyo líder es Raúl Meza, quien defiende a reos de Punta Peuco, llamó a rebautizar luego de ver que estaciones se hacían llamar Violeta Parra, por ejemplo, por nombres que “representan los auténticos valores de la mujer chilena” como Lucía Hiriart y Paty Maldonado.

Todo bien: quizá para él es así. Pero parece destemplado hacerlo y que lo comande un hombre. Es un ladrido, un enojo. Es un lamentable tómenme en cuenta. Bien poca cosa.

El odio es el monumento a la derrota. Cuando se odia, sale lo peor del humano, lo poco razonable. Lo tosco, lo evidente. Lo burdo. Cuando lees los comentarios de sitios de noticias y te encuentras con nombres sin foto, al final, es el odio sin sentido, la deshumanización. No les ves la cara, sólo los sentimientos. El cuerpo, pasa a ser una suerte de disfraz, porque adentro sólo conduces sufrimiento y enojo.

Una buena forma en que podríamos progresar es comenzar a analizar cuál es el origen del odio. Yo tengo una mirada que tiene que ver con lo que tienen los otros y la desesperación por tener eso. Y que cada vez es más dificil mantenerse o tener cosas, entonces nace el odio, nace la rabia, nace el egoísmo y viene desde el miedo. Todo esto es difícil de reparar porque al final viene desde la frustración por la competencia. Muchos hombres es lo que al final temen: que entren otras personas a pelear su puesto. Y si son mujeres, les ofende porque no comprenden cómo argumentar en paz o quieren tomar control por la deformación cultural. Es por eso que tenemos el deber de intentar cambiar o por lo menos ser respetuosos y observar este cambio social, no arrogándonos el triste protagonismo cuyo motor al final es el odio a lo nuevo. Es una labor que depende de salir de nosotros mismos. Y es complicado. Pero no imposible.

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