La noche y los robots

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Me toca salir de noche del trabajo. Tarde. Los días se extienden en el mundo de las noticias. Por eso pasear por la ciudad mirando las luces de neón o pensando en un bar que cierra sobre qué pasará mañana, genera pensamientos.

Hay una imagen que no me puedo sacar de la cabeza: la de las fábricas de Foxconn construyendo de noche los juguetes de los niños. Foxconn es una de las mayores fabricantes mundiales de productos electrónicos. En las fotos de sus fábricas todo es blanco y quirúrgico. Son oleadas de asiáticos envolviendo lo que va en nuestros bolsillos. Mirando robots con brazos armados. En esas fábricas, ha habido suicidios grupales, desesperados por salir del estrés. A tal punto que la compañía, por contrato, prohibió el suicidio.

La solución de FoxConn es sustituir empleados, añadiendo 290 mil robots a los 10 mil que cuenta actualmente. La idea es llegar al millón de robots.

Durante años, en diversas partes del mundo y de nuestro país, hay fábricas prendidas en la noche. Cuando paso frente a ellas en las carreteras no puedo dejar de pensar que está esa gente ahí, trabajando y armando comidas que después estarán en nuestros refrigeradores. La vida de las fábricas es secreta y agotante. Es otra especie la que está ahí, esperando construir cada noche. Nosotros vaciamos las ciudades y prendemos los televisores en nuestros bloques de cemento en los que vivimos esperando cansarnos con maratones de series, para despertar cansados en el nuevo día que viene. Pero esos trabajadores y trabajadoras siguen ahí resistiendo en el infierno privado de cada día. De cada minuto que avanza.

Pienso con pena cuando todos seámos reemplazados por aparatos. Se va a acabar la magia. Será mal visto el silencio, la complicidad. Los robots no tienen trucos para capear el tiempo. Sólo producen. Nosotros lo evadimos.

Los trabajadores de las fábricas de noche me generan una admiración infinita. Dentro de todo, son héroes sin capa. Nosotros, los villanos que ocupamos sus ciudades. Las ciudades son de los que trabajan. Y nadie piensa en los que están ahi, en la oscuridad, en los televisores de los conserjes. En los guardias. En los que están de turno en las redacciones. En los que trabajan en oficinas haciendo papeleos u organizando el día que viene de la gente de traje. Las madres que limpian baños y oficinas a las cuales siempre es sano regalar una sonrisa. Los policias y los médicos de turno inyectando e inyectándose en las postas. Los que atienden los servicentros. Es inevitable pensar con la cabeza en la almohada en ellos en el ruido lejano de los que recorren en Uber buscando clientes, en los taxistas que les dan la guerra, en los bomberos que esperan el gran incendio. Es la noche la edición perfecta de nosotros, porque sintetiza lo que necesitamos. Y a veces sólo necesitamos vigilantes y vigilados. Eso es la sociedad en una síntesis gigante. Cuando cae la luz, es el resumen.

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