Caracas entre Moscú y Washington

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Venezuela a oscuras. Un segundo apagón masivo en tres semanas. El gobierno de Nicolás Maduro denuncia un nuevo sabotaje. La oposición repite que el fragilizado sistema eléctrico colapsa por falta de mantención. Sobre lo que no hay dudas es que los venezolanos sufren el pleno impacto de la ausencia de energía eléctrica. Cualquiera sea la causa de los cortes masivos, la responsabilidad recae sobre el gobierno: ya sea por no disponer de la seguridad para evitar los sabotajes o por no mantener los equipos como es debido.

La crisis venezolana avanza a fuego lento. La oposición, liderada por Juan Guaidó, no dispone de fuerzas para tumbar a Maduro. La considerable ayuda brindada por Estados Unidos por la vía diplomática, económica y sanciones aplicadas al gobierno no ha afectado, hasta ahora, el respaldo de las fuerzas armadas al régimen. Washington proclama que “todas las opciones están sobre la mesa”, una fórmula diplomática para incluir una acción militar. No hay, en todo caso, indicio que en el corto plazo el Pentágono, o países vecinos de Venezuela, consideren el recurso de las armas.

En el desarrollo de los conflictos, los protagonistas indican su voluntad a través de señales. Washington despacha aviones con ayuda e intenta que ella ingrese al país. John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, viene de decir que “los días del gobierno de Maduro están contados”.

Rusia, que desde hace décadas es el principal abastecedor de armas de Venezuela, emite su propia señal. Despacha un par de aviones con un centenar de técnicos y militares. Dicho personal pudo llegar en forma discreta. Pero optaron hacerlo en forma visible para subrayar su respaldo al gobierno. Los militares colaborarán en asuntos de ciberseguridad, probablemente para fortalecer la red eléctrica que Maduro denuncia ha sido blanco de un ciberataque. También ayudarán a la mantención de los aviones SU-30 Mk2, los más potentes del arsenal venezolano. Asimismo, trabajarán en el despliegue de las sofisticadas baterías antiaéreas S-300. Según la prensa venezolana, buscan establecer un escudo protector alrededor de la base aérea de El Sombrero en el centro del país. De momento, nadie espera un ataque aéreo contra dicha base u otra, pero es una advertencia de que Moscú está junto a Caracas.

En momentos en que Estados Unidos está comprometido en una ofensiva, junto a la oposición encabezada por Guaidó, para expulsar al gobierno de Maduro, la presencia rusa es un balde de agua fría. El presidente Donald Trump no tardó en exigir: “Rusia tiene que salir de Venezuela”. Sin duda, Moscú anticipó el malestar que causaría a Washington con el despacho de sus efectivos. Rusia está ya bajo una vasta serie de sanciones, de manera que estiman que no tienen mucho más que perder. Venezuela transita así de un conflicto doméstico a uno con aristas internacionales.

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