¿Cómo nos hacemos cargo de la salud mental de los jóvenes?

Por Rodrigo Tupper
  • Gerente general de Fundación Portas

Hace unas semanas un grupo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile protestó en contra del exceso de la carga académica que enfrentan en sus carreras y sus respectivas consecuencias, evidenciadas en casos de estrés e incluso intentos de suicidio. Esta manifestación generó un amplio debate respecto a la legitimidad de la demanda de los estudiantes, sobre todo en redes sociales, donde fuimos testigos de posturas a favor y en contra, con mensajes cargados de falta de empatía, en los que se tildaba a los jóvenes de flojos, de no asumir responsabilidades y de no conocer el esfuerzo para lograr un objetivo. Me sorprendió leer este tipo de comentarios de profesionales de estas mismas áreas, que pasaron las mismas dificultades y que apelan y esperan que las nuevas generaciones vivan lo mismo. ¿Por qué normalizamos el sacrificio y en algunos casos el sufrimiento para obtener un fin? A mi juicio es una idea errónea que es parte de la idiosincrasia chilena y que se extrapola a distintas esferas de la vida pública y social. Debemos cimentar un futuro mejor para las nuevas generaciones, no llenarlo de piedras y obstáculos que mermen este objetivo.

Todos sabemos que en las últimas décadas se ha democratizado el acceso a la educación superior, abriéndoles oportunidades a más jóvenes que desean convertirse en profesionales. Es un escenario positivo y favorable para el país, pero al mismo tiempo trae consigo una serie de cambios que pueden afectar la estabilidad emocional de los estudiantes, porque no es fácil pasar del colegio a la universidad. Es un mundo totalmente nuevo, más autónomo, con más libertad, pero sin duda más exigente. La brecha a la que se enfrentan es abismal.

La primera Encuesta Nacional de Salud Mental dada a conocer la última semana, auspiciada por Conicyt y liderada por la sicóloga Ana Barrera, determinó que el 44% de los jóvenes universitarios ha estado con tratamiento sicológico, 46% aseguró tener síntomas depresivos y muestras de ansiedad y 54% sufre de estrés, entre otras cifras que encienden las alertas sobre cómo debemos cuidar la salud mental, que sigue estando en el patio trasero de la salud en Chile.

La excesiva carga académica, la brecha entre colegio y universidad, las desigualdades sociales y el preocupante y general estado de la salud mental de los que vivimos en Chile, que puede verse agudizado en los primeros años de universidad, nos debería movilizar para buscar una solución real y concreta que involucre al Estado, al sector privado y a todos los que vivimos en el país, para que la salud mental no se vuelva una epidemia que después será difícil de controlar.

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